jueves, 20 de noviembre de 2008

De La Corporación y cuentos de Pancho Madrigal


En todos los rincones del mundo, desde principios del siglo pasado, la radio ha sido un instrumento insustituible, ha ocupado una serie de espacios sociales como ningún otro medio de comunicación. En la actualidad emergen constantemente otras alternativas, opciones, tal vez más completas en oferta, pero, sin duda, ninguna otra como la radio. Probablemente pudo haber sido debido a que en un espacio amplio del siglo pasado no tuvo competidor. No fue como hoy, la tecnología y los nuevos inventos no dejan desarrollarse a las novedades, que antes de ser conocidas por los usuarios, compradores, ya los han sustituidos por otros de diseño y prestaciones diferentes, más actualizadas. Estoy de acuerdo con que el desarrollo de las tecnologías es un bien palpable para las sociedades, nos acercan cada vez más y los espacios tiempo se relativizan, ya nada está lejos, nadie está incomunicado, o al menos tiene la posibilidad de no estarlo.
Pero la radio es diferente, ni la televisión, el teléfono, el ordenador o computadora, ipod ... ningún otro medio de entretenimiento, información o comunicación, da tanto juego como la radio. Este medio al que atribuyen su invención a Marconi tiene muchos puntos oscuros, ya los puse en relieve algunos de ellos en otro artículo llamado "La radio, compañera de mis horas" y que forma parte de mi anterior libro "Miradas Impacientes", pero no entraré en el tema de la creación, lo haré en lo que proporciona, en lo que significa. Ha servido de orquesta amenizando los bailes, de banda sonora para muchos momentos de las vidas de cada uno, de comunicación, de información, de acompañamiento en horas de soledad, en la enfermedad, en la alegría, en la tristeza y en el devenir de los pueblos del mundo. Hemos crecido muchas generaciones con la oreja pegada al receptor siguiendo todo tipo de acontecimientos, de sucesos, que han marcado nuestras vidas al tiempo que la edades nos iban acompañando en la evolución natural. En todas las etapas de la vida siempre estuvo la radio como amigo inseparable.
Por supuesto que ni todas las emisoras emiten un punto de vista compartido ni sus programas son aceptados mayoritariamente, los hay para todos los gustos, credos y simpatías. Pero también las hay imparciales, que son objetivas en la información y que no manipulan interesadamente lo acontecido dependiendo de la ideología. En ocasiones nos congratula escuchar lo que nos gusta oír, que nos identifiquemos con lo informado, aunque sea parcial, pero esto a la larga nos hace fanáticos, acabamos por quedarnos miopes, solo vemos los puntos de vista nuestros, los cercanos, pero la realidad terminamos por no compartirla. Claro está que esto no es ni nada nuevo ni exclusivo de las emisoras de radio, es generalizado y natural, no es nada malo que tengamos una opinión formada sobre las cosas que nos rodean, lo importante es el respeto y tratar de comprender opiniones diferentes y opuestas, esto nos acercará más a la realidad.
El dial Nicaragüense está plagado de buenas emisoras, algunas de ellas con muchos años en antena, emitiendo los acontecimientos que a diario han zarandeado los cimientos sociales y físicos en más de una ocasión. Es muy probable que eligiera a otras antes que decidirme por La Corporación, no comparto su pensamiento liberal, pero al igual que en España, también escucho otras emisoras que no son la SER, la sintonizaría en parte de su programación. Escojo esta emisora no por su liberalismo reconocido, en este tema, en la información política, hubiera escogido a otra en representación, por supuesto que a ninguna extremista, los radicalismos no son buenos ni para quienes los protagonizan. La tolerancia en todos sus conceptos nos hace más inteligentes y mejores personas.
Sin embargo, a su favor tengo que decir que por sus ondas salieron interesantísimos, valiosísimos, capítulos culturales que han marcado este apartado nicaragüense. Se han bordado con letras de oro los nombres de algunos artistas que por primera vez surcaron los espacios radiofónicos pinoleros desde sus micrófonos, sus comienzos están ligados a la Corporación aunque sus vidas continuaran por otros derroteros. Los Mejía Godoy hicieron sonar sus melodías desde sus estudios, al igual que Otto de la Rocha, otro baluarte de la música nicaragüense.
Pero el personaje que me trae a la Corporación, como instrumento de comunicación y difusión, es ficticio, Pancho Madrigal. Del que Pablo Antonio Cuadra dijo en una ocasión y quedó impreso en las paginas del libro "Cuentos de Pancho Madrigal" de su creador Fabio Gadea Mantilla: "Tenemos años de oír una voz que cruza los caminos de Nicaragua. Una voz que identificamos con un nombre: es el cuento, es la leyenda, es el refrán o es el relato de la diaria y fecunda creación popular. Es Pancho Madrigal. Esa voz es tan nicaragüense que ya se nos hizo persona. Al oír su voz, la vemos: tiene los rasgos de un Pueblo.
En mi primer viaje a Nicaragua me traje de regreso un buen puñado de libros, mas de los que debía y menos de los que hubiera deseado, todos de autores nicaragüenses, algunos ya los conocía como es el caso de Ernesto Cardenal, pero de otros nunca tuve la oportunidad de beber su pensamiento y tengo que decir que fueron unos tragos que más que apaciguar mi sed me dejaron con síndrome de abstinencia, me parecieron pocos los libros que leí de Cardenal, Jaime Incer Barquero, Pablo Antonio Cuadra, Daniel G.Brinton, Carlos Mantica y algunos otros.

Pero entre ellos me llamó la atención el Libro de "Cuentos de Pancho Madrigal", hasta leerlo estaba confuso, no sabía si el tal Pancho era real o no, si su autor, Fabio Gadea Mantilla, solo lo redactaba o era el creador de esos cuentos. La mejor manera de descubrirlo fue comenzar a leerlo y descubrí lo popular nicaragüense de una manera amena entretenida y entrañable. No recuerdo muy bien cuanto se tarda en cruzar el "charco", el Atlántico, pero andará al rededor de las nueve horas, pues les diré que de las ocasiones en que lo crucé ésta fue la que se me hizo más corta, la que lo hice leyendo los cuentos de Pancho Madrigal. No tienen un corte determinado, es irónico, es cómico, es intrigante, es pícaro, es triste y es ameno: es la Nicaragua popular.
Fabio Gadea Mantilla ideó un pueblo, El Galope, y un personaje sobre el que se construyen los cuentos, Pancho Madrigal. Un campesino nicaragüense que cuenta sus vivencias propias junto a otros personajes ficticios y que desde el momento que vieron la luz, en 1959, se hicieron populares.
La Corporación ha sufrido el odio de los violentos e intolerantes en varias ocasiones a lo largo de su existencia, desde el 15 de marzo de 1965, desde que salió a antena el primer día. Ahora más que nunca, cuando los pandilleros siembran el terror en las calles de mi querida Managua por la represión que el tirano Ortega ha provocado, robando la expresión del pueblo en las elecciones municipales y el derecho a manifestarse libremente para protestar por el recorte de libertades algunos días posteriores, rompo una lanza por los medios de comunicación, no importa el formato ni el pensamiento que reflejen. La libertad es el tesoro más preciado de los que el ser humano disfruta y sin ella no somos nada, pero para disfrutar de nuestra libertad tenemos primero que respetar la de los que piensan de distinta manera, es el único camino para la paz. No soy liberal, ni comulgo con el pensamiento de la Corporación, pero gracias a sus emisiones, de su existencia, hemos conocido a Pancho Madrigal, los nicas y los foráneos, y eso es un motivo de agradecimiento por los buenos ratos que nos ha hecho pasar.




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