miércoles, 22 de octubre de 2008

Víctimas para el fin de una dictadura

Las dictaduras se saben que comienzan cuando los dictadores llegan al poder pero el fin de estas es más difícil de adivinar. De dictadores los hubo y los hay para todas las ideologías, para todos los gustos, pero con la misma finalidad, la de adueñarse del país que gobiernan. Todos son crueles, todos son sanguinarios, todos corruptos, todos gobiernan con la injusticia. Los hay paternalistas que se creen el protector de su pueblo, que sin él estarían perdidos y en manos de los enemigos de la nación, también con el derecho adquirido por la gracia de Dios y por supuesto los hay que no se avergüenzan de su egoísmo, llegan a creerse poseedores legítimos de toda una nación sin ruborizarse, sin el mínimo respeto a sus ciudadanos, que les roban sus libertades para adueñarse de todo lo demás, hasta el punto de heredarse el poder de padres a hijos, como en el caso de los Somoza en Nicaragua.
En principio parecería que nuestras culturas están en las antípodas, lo más lejanas la una de la otra, pero en absoluto creo en esa posibilidad, nos unen tantas cosas...
Cuando hablamos políticamente de Latinoamérica siempre pensamos en dictaduras, en revoluciones que nunca llegan a nada y que es motivado por los mismos ciudadanos de estos países, que no piensan en su porvenir, que no son inteligentes, que están acostumbrados a vivir bajo el yugo dictatorial. Siempre se nos olvida que nuestra historia más reciente está escrita bajo dictaduras, la de Primo de Rivera y la de Franco, esta última por más de cuarenta años. Esto no fue motivado por nuestra poca inteligencia, ni por nosotros mismos, ni siquiera porque nos gustara vivir bajo el mandato del genocida dictador, cada país y cada tiempo tienen circunstancias diferentes en las que se desenvuelven.
Lo cierto es que todos son inteligentes, ningún dictador llaga al poder, se adueña de un país y se mantiene corrupto durante años, décadas, sino es por su capacidad para engañar, convencer a una parte de la población y mantenerla fiel a sus convicciones o intereses. Los seres humanos por naturaleza somos corruptos, todos tenemos un precio, en ocasiones mísero, por el que nos vendemos y con esa actitud permitimos que el dictador continúe ejerciendo como tal. Nuestro egoísmo es más fuerte que nuestra nobleza e inteligencia y al permitir que continúe respaldado el dictador nos estamos haciendo daño nosotros mismos, nuestro egoísmo es nuestro mayor enemigo, vendemos la libertad y la dignidad por un puñado de influencias que a la corta se revolverá contra nosotros como un boomerang. Los dictadores no entienden de fidelidad y el apoyo que se le da para mantenerlo en el sillón de mandatario es interés de poco valor para ellos.
En todas las etapas dictatoriales suceden acontecimientos que prenden mecha para que estalle la revolución, el alzamiento o levantamiento del pueblo, generalmente asqueado de tanta injusticia, porque ningún régimen dictatorial termina convenciendo a los ciudadanos y afianzándose perpetuamente, si acaso a sus seguidores incondicionales favorecidos a costa de otros por dichos regímenes. En el tramo final de la dictadura de los Somoza hubo dos asesinatos que bien podría decirse fueron las gotas que colmaron el vaso, el de Pedro Joaquín Chamorro y el del periodista americano de la cadena ABC Bill Stewart. Fue un año y medio de diferencia entre ambos asesinatos pero supusieron el fin de la hegemonía dictatorial de los Somoza.
En el caso de Chamorro fue el destape de la corrupción, de los abusos de poder y los "regalos de tierras" a los familiares del dictador. El diario La Prensa, el diario de la oposición, del que Pedro Joaquín era director, destapó con varios artículos no solo la apropiación indebida de tierras sino también el indigno trafico de sangre de los pobres nicaragüenses. Días antes de ser asesinado La Prensa publicó una serie periodística titulada "Crónicas del Vampiro", dedicada a la empresa del cubanoamericano Pedro Ramos, su nombre era Plasmaféresis y se dedicaba a traficar con la sangre de los pobres de Nicaragua, que había ganado la escandalosa cifra de nueve millones de Córdobas, la moneda nacional. Toda Nicaragua sabía que el dictador Anastasio Somoza Debayle, curiosamente compañero de estudio de Pedro Joaquín en el instituto Pedagógico La Salle, era socio de Pedro Ramos y de la empresa Plasmaféresis.
Esto quedó demostrado y los autores del asesinato están libres, se beneficiaron de un indulto que concedió la que fuera su esposa y más tarde presidenta de Nicaragua, Doña Violeta Barrios de Chamorro.
Cumplieron condena por asesinato y se delataron entre unos y otros, acusándose y amenazándose. Los asesinos llevaban varios días siguiéndole sin percatarse de este detalle y el día 10 de enero de 1978, cerca de las 8´30 de la mañana, uno de los vehículos chocó por detrás del Saab de Joaquín y otro lo interceptó, empujándolo hacia la acera, provocando que chocara contra un poste del tendido eléctrico, después los asesinos bajaron y le dispararon sobre el pecho de la víctima a quemarropa los perdigones de la escopeta calibre 30.
Este suceso colmó la paciencia de los nicaragüenses que de sobra sabían que el asesinato era orquestado por el dictador y sus secuaces.
El otro asesinato que conmocionó al mundo fue el de Bill Stewart, junto a su interprete Juan Espinoza, la crueldad fue grabada por sus propios compañeros de profesión y dio la vuelta al mundo. Las televisiones norteamericanas pasaban una y otra vez el vídeo prueba del asesinato. Era el 20 de junio de 1979 y Bill regresaba al hotel Intercontinental junto a su traductor, en una furgoneta con las palabras: Foreing Press; le seguían el técnico de sonido Jin Céfalo y el cámara Jack Clark por la avenida de los Mártires del Primero de Mayo. Una patrulla de la Guardia Nacional ordenó que se parasen y Stewart se bajó y dirigió al soldado junto con su interprete, mientras que Jin y Jack se escondían algunos metros atrás entre la maleza. Con la bandera blanca en una mano y los documentos que acreditaban su profesión del gobierno nicaragüense le dijo que no hablaba español y que era estadounidense. El soldado no consideró suficiente acreditación y lo encañonó con su M16, al tiempo que le insultaba: "Ponte de rodillas hijoeputa, ponte de rodillas". Bill se arrodilló y le dijo suplicando que no hablaba español, que era periodista. Seguidamente le ordenó que se tumbase en el suelo: "¡acuéstate, hijoeputa!", Stewart le obedeció y como premio recibió una patada en el costado. Continuó diciéndole que no hablaba español y que era periodista, a lo que encontró como respuesta, después de unos segundos en alto, apuntarle con su arma y pegarle un tiro en la nuca.
Cuentan que el asesino, llamado Álvarez de apellido y de 18 años, lloraba como una magdalena en el juicio sandinista que recibió, a buenas horas...
Este acontecimiento provocó que Reagan dejara de apoyar al dictador cuando la opinión pública norteamericana se le echó en cima. Cuatro semanas más tarde la dictadura de Somoza llegó a su fin y el gobierno gringo comenzó a financiar la contra, que continuó con el derramamiento de sangre.




http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

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