viernes, 3 de octubre de 2008

Dime como jugaste y te diré como eres


Si la fantasía no fuese algo natural tendrían que prescribirla los médicos como el calcio, el hierro, las vitaminas u otros componentes necesarios para el buen crecimiento. Es insustituible y primordial para una buena salud mental, para el desarrollo de la imaginación y por tanto para el equilibrio psicológico y psíquico. Supongo que si la infancia es la etapa más feliz en el ser humano se debe a la imaginación, a la capacidad fantasiosa que se posee en esa edad. Los niños o niñas que crecen imaginativos, desarrollando juegos que necesitan un mayor esfuerzo de imaginación, adquieren una mayor capacidad mental y en el futuro, en edades adultas, son poseedoras de mentalidades más sanas y mucho más resistentes, preparadas para enfrentarse a las inclemencias que la lucha diaria nos presenta en forma de continuas pruebas de superación.
Por supuesto que los juegos son la base del futuro adulto e influye mucho en la manera de ser la infancia de cada cual, por eso la educación requiere de unos buenos principios, cimientos donde se sujetarán las generaciones venideras y que en las próximas décadas serán las responsables para la construcción de una sociedad tolerante, pacifica, respetuosa y saludable.

Cuando analizamos los juegos infantiles de la actualidad no razonamos que resultado social puede acarrear, no pensamos que un niño o niña que juega y se cría con, o entre, animales será un futuro amante y respetuoso del mundo animal, en cambio si su crecimiento ha estado rodeado o relacionado con juguetes bélicos y ambiente de cacería, la vida de un ser vivo puede tener un precio relativo. Sé que esta teoría puede ser contradictoria para muchos, pero en mayor grado para los que piensan que las condiciones humanas las traemos bajo el brazo cuando nacemos, por esa regla de tres un niño que creció viendo como su padre maltrataba a su madre continuamente no tiene por qué convertirse obligatoriamente en maltratador en la edad adulta, pero si posee un tanto por ciento de probabilidades más elevado de serlo que otro niño que no vivió los malos tratos en la infancia. Mi padre siempre decía al respecto que las personas somos como los arboles, que cuando crece torcido es muy difícil ponerlo derecho una vez adulto. De todas maneras estos pensamientos, o razonamientos míos, pertenecen al campo de la psicología o psiquiatría, campo en el que soy patoso desenvolviéndome, otra cosa es mi lógica, que para bien o para mal es mi forma de pensar.

Volviendo a los juegos y la imaginación en los tiempos que corren pondré de manifiesto que estoy en desacuerdo con los juguetes infantiles que se venden en la actualidad. En otros tiempos donde no existían campañas comerciales ni estudios relativos a los juguetes que a un niño le gustaría tener, era el propio infantil el que esforzaba o dejaba libre la imaginación para crearlo según sus necesidades o deseos, a veces el resultado eran juguetes rudimentarios que exigían un esfuerzo complementario para imaginar lo que el propio juguete representaba, después la fantasía obligaba a crear un ambiente o decorado imaginario. Pero los juguetes que hoy nos solicitan los menores no son sino el vivo reflejo de lo que otros imaginan, adultos que por ordenador suplen los propios deseos o necesidades del niño. Ahora no le damos la oportunidad de crear sus juegos, solo le ofrecemos desarrollarlos de la manera que nos gustaría a nosotros. Si el niño construye un vehículo y juega con él desarrolla mayor imaginación que si solo juega pero no construye el juguete.

En los años en que me tocó desarrollar mi infancia aún se heredaban, quiero decir, eran los mismos juegos de generaciones anteriores, más participativos y por supuesto más imaginativos, esto era forzado por la necesidad, cualquier trozo de madera podía representar a una persona, animal u objeto, en cambio esto actualmente no tiene validez. Los niños de hoy necesitan un caballo para representar un caballo o un tren para llevar a cabo el trayecto sobre raíles. Que las necesidades hayan obligado a que mi imaginación tuviera que ver donde no había no quiere decir que yo sea mejor persona que otros, ni que mi mente es superior a la de cualquier mortal con posibilidades económicas para disfrutar de un tren eléctrico, no, pero si es cierto que lo jugado en la infancia repercutió en mi manera de pensar de adulto, es en esto donde me siento orgulloso, en los valores que absorbí siendo niño, el respeto a los demás, la tolerancia, el derecho a la vida de cualquier ser y el sentido para convivir en armonía. No soy yo precisamente quien tiene que valorar mi manera de ser, soy consciente de mis carencias como ser humano, pero si tengo claro que fueron mis juegos los que influyeron en mi conducta cívica, junto a la educación que de mis padres recibí.

Si hay un mundo de fantasía donde los niños desarrollan toda la imaginación este no puede ser otro que el mundo de Walt Disney, Disneylandia. Aunque tengo que reconocer que si el creador de este mundo mágico no es poseedor de todas mis simpatías si valoro su aportación a la felicidad de los niños. Su contribución para que la fantasía de los menores les provoque sonrisas no tiene precio y sin duda la influencia que puede ejercer en la infancia para que la sociedad del futuro sea mejor es única. Su participación en la "caza de brujas" estadounidenses en la década de los cuarenta lo convierte en un personaje antipático para mis preferencias, traicionó a compañeros de profesión y los delató como comunistas. El FBI. lo llegó a nombrar, según documentos existentes, "agente especial de contacto", pero curiosamente también existen documentos en los que revelan que él también fue investigado por la misma organización a la que pertenecía como sospechoso de subversión, es decir, de comunismo.

La biografía de este personaje es tan extensa e interesante que bien requiere más dedicación, pero ésta no es la idea de mis miradas, para eso están las biografías. Mi intención no es otra que la de reseñar algunos detalles especiales o curiosos del personaje y entre estos está la leyenda de su posible origen español. Según esta leyenda Disney no nació en Chicago, sino en Mojácar, Almería. Hijo ilegitimo de un medico y una lavandera. La supuesta madre habría emigrado a los Estados Unidos donde habría dado a su hijo en adopción, a la pareja formada por Elías y Flora Disney. Su verdadero nombre podría haber sido el de José Guirao Zamora y no por el que era conocido mundialmente. Estos rumores comenzaron cuando en los años cuarenta unos enviados por Disney estuvieron en Mojácar, haciendo comprobaciones en los archivos de la localidad.

Fuere de la manera que fuere, lo cierto es que los niños les debemos mucho a este creador, sin duda con una sensibilidad como ningún otro. Aún recuerdo en mi infancia, a mediados de los sesenta cuando recibí por correo dos póster  uno de Pluto y otro de Tambor, el conejito de Bambi. Fue el premio a la ardua tarea de coleccionar el álbum de cromos Bambi. Después de meses de espera por fin llegaron y recuerdo que mi madre los pegó en la pared de la habitación. Pero más que por decorar la habitación sospecho que existió otro motivo, el de cubrir las indiscretas manchas de humedad que florecían cada año a media altura cuando regresaban las lluvias.



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