lunes, 29 de septiembre de 2008

Mirada de filmamento


¿Imaginarían los hermanos Lumiére que su invento llegaría a tener tanta relevancia en el mundo, aquel día 28 de diciembre de 1895, cuando rodaron a los obreros saliendo de la fábrica de Lyon, en Francia. Es muy probable que no, por mucha imaginación que tuvieran.
Probablemente la ilusión producida por la adrenalina que provocó comprobar que su invención daba resultados evidentes les haría imaginarse miles de imágenes y situaciones en el futuro, pero su invento habría de dar para mucho más, más en todas las direcciones a las que se dirija la mirada. La cinematografía no solo se ha revelado como, posiblemente, el mejor de los soportes para el arte, en él caben y se armonizan todas las expresiones sin perder protagonismo en beneficio de otras. Pero más allá del propio arte ha crecido como industria a unos niveles increíbles donde sus protagonistas mejores valorados son alabados como reyes, casi como extraterrestres, idolatrados hasta perder la cabeza, el corazón y el sentido de la razón, por personas que ven en estas estrellas luces, auras atrayentes, como las propias de los profetas. El cine es el filmamento (de film) donde los ídolos no decaen, no se apagan, y aunque se ausenten por las normas lógicas de la existencia siempre continuarán brillando como eternas y errantes estrellas del universo.
El invento de los hermanos Lumiére no necesitó de un marketing especial, ni de estudios de mercado, ni de charlas interminables para convencer de que aquello que proyectaba imágenes en movimiento podría ser un buen negocio, cuando las evidencias son tan claras no necesitan mucho para convencer y bien valida es esta frase para la ocasión: "una imagen vale más que mil palabras". Tanto es así que fue un éxito rotundo, corrió como la pólvora y, no solo en Francia, tanto en Europa como en Estados Unidos ocupó un espacio importantísimo, de primer nivel, en el interés de los ciudadanos.
Para hacernos una idea de lo exitoso e inmediato que fue el asunto solo hay que tener en cuenta el numero de películas rodadas en el primer año por los hermanos inventores, fueron 500 las cintas cinematográficas que rodaron, eso sí, nada que ver con lo que estamos acostumbrados a ver hoy en día. Todas rodadas en blanco y negro, breves, sin actores ni decorados artificiales, con la ausencia de sonido o montaje y la posición de la cámara fija. Pero su protagonismo pronto fue perdiendo interés en detrimento de otros, el desarrollo de nuevas técnicas interpretativas hizo que los Lumiére pasaran a un segundo plano y una oleada de profesionales relacionados con la interpretación fueron ocupando su lugar, los creadores en la elaboración de los primeros guiones de ficción.
Digamos que fueron dos etapas en este camino de la cinematografía. La primera en blanco y negro y con títulos para aclarar la situación al espectador, algo que no resta importancia a la creación y aunque este tipo de películas que, técnicamente no sincronizaban imagen y sonido, en su mayoría de corte cómico, se nos puede aparentar como un tanto aburridas y no tienen por qué serlo, son verdaderas obras de arte en algunos casos e importantísimas para la historia de la cinematografía, no podríamos entender muchas películas de hoy sin aquellos cortes históricos que nos han marcado las técnicas en la actualidad. El siguiente paso en esta primera etapa fue el sonido, en los años veinte del siglo XX, la aparición de una nueva técnica que permitía agregar una banda sonora sincronizada con la imagen en movimiento dio a la desaparición de músicos en vivo y relatores que hasta entonces amenizaban las cintas.
Aunque para muchos la innovación del sonido, de las bandas sonoras, fue un acontecimiento que marcó el antes y después en la manera de hacer cine, para otros es el color el que marca las pautas del comienzo en el llamado cine postmoderno, tanto por la sucesión del cine clásico como por la proximidad con el postmodernismo. Lo relevante en este medio es la proyección comercial que ha desarrollado, en todos los campos de los que se necesitan participación para la creación de una cinta, una industria creciente que mueve un capital en todo el mundo superior a lo imaginable. Los contratos de sus estrellas son multimillonarios y la influencia de estos ídolos cinematográficos es superior a la de cualquier presidente de gobierno o líder religioso. Pero el cine no son solo los protagonistas principales, las estrellas mundialmente conocidas, existen innumerables profesiones relacionadas con el séptimo arte y tan importantes como los actores y actrices, sin los cuales no serían nada. Son muchos los que interponen el trabajo de un director al del actor, pero otros como los realizadores, guionistas, especialistas en montaje, fotografía, sonido, diseñadores de producción, decoradores, maquilladores, vestuario... también tienen un papel importantísimo para el desarrollo de una película y dependiendo de la calidad profesional el resultado será distinto para desenvolverse el protagonista.
Tal vez sino fuese por la noticia que en estos días aparece por todos los medios y que tristemente nos recuerdan que los grandes genios de la interpretación también son mortales, independientemente de la luz que irradien, tal vez de no ser por la muerte de Paul Newman no habría escrito este articulo, cuyas paginas estaban destinadas a otro tema no menos interesante para mí. Pero el dueño de unas de las miradas más penetrantes, no solo del celuloide, no desmerecía mi aportación, mi humilde aportación a lo que significó para varias generaciones. Un maestro de la interpretación para casi todos los que de una manera u otra el cine representa a la fantasía, que nos transporta a otros mundos y que nos hace ejercer los sentimientos para que no se atrofien, para que no nos convirtamos en inafectados sentimentales y permitir así que la natural libertad de los sentidos se exprese sin tapujos.
Paul Newman nació el 26 de enero de 1925 en Shaker Heights, Ohio, Estados Unidos. Hijo de padre Judío-alemán y madre de origen húngara. Su carrera cinematográfica es una de las más interesantes, actor, director, productor, fue un hombre prolífico en su profesión y galardonado con dos Oscar.
No cabrían los innumerables títulos en este artículo, su currículum inmejorable y sus interpretaciones del mismo calibre. Podría añadir a tantos merecidos reconocimientos una buena relación de títulos, de los que todos recordaremos, pero además de resaltar sus aficiones gastronómicas y automovilísticas, afición que le llevó a ser el piloto más longevo, 70 años, en un equipo ganador en carrera de primer nivel, prefiero reseñar su parte humana por encima de la profesional.
La parte más importante de este hombre, incluso más que su carrera cinematográfica, es la que le llevó a interesarse por los pobres, en 1982 creó una línea de productos alimenticios llamada Newman`s Own que se hizo famosa por una marca de aliño para ensaladas, todos los beneficios obtenidos a través de la marca fueron destinados a la caridad, beneficios que superan con creces los 200 millones de dólares.
Hasta siempre maestro, tu mirada nunca dejará de iluminarnos.


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