lunes, 1 de septiembre de 2008

Juan Pablo I, el asesinado.

Cuando hace varios días acabé de escribir el artículo titulado "Juan Pablo II y la Teología de la liberación", lo hice con una sensación de haberme dejado muchas cosas sin contar, indudablemente de su antecesor y de quien lo sustituyó. Porque irremediablemente van unidos y, aunque cada uno traiga su lema e intenciones bajo el brazo, todos son puente de lo heredado y lo que heredarán en el futuro.

A Juan Pablo I siempre le otorgué el beneficio de la duda por sus intenciones, por sus declaraciones, pero adentrándome un poco más en su biografía y sus hechos, "por los que se le reconocerán", he llegado a la conclusión que era un buen continuista del Concilio Vaticano II, de la herencia de Juan XXIII.
Al "Papa de la sonrisa", como se le conocía, le criticaron por no tener la fuerza suficiente para soportar el peso de la corona, por ser un papa débil, pero nada de esas calumnias fueron comprobadas, de hecho tuvieron que asesinarlo para que no llevara a cabo las reformas que pretendía.
Su lema, expresión latina Humilitas, Humildad, era el reflejo de su personalidad, la de un hombre que sufrió la pobreza en la infancia y que vivió las penurias de las dos grandes guerras.

Albino Luciani Tancon nació el 17 de octubre de 1912, en Canale d`Agordo, Belluno, Véneto, Italia. Fue el mayor de cuatro hermanos, a la edad de diez su madre murió y su padre contrajo un nuevo matrimonio con una mujer de gran devoción. Es muy probable que influido por su madrastra y por la predicación de un fraile capuchino, según declaró en el futuro, fue entonces cuando surgió su vocación sacerdotal. En 1923 y en el seminario menor de la localidad de Feltre ingresó Luciani cuando su padre, un emigrante socialista de entre guerras en Alemania, le escribió: "Bien, espero que cuando seas cura querrás bien a los obreros". Más tarde, en 1935, pasó al seminario mayor de Belluno, donde fue ordenado sacerdote.
A continuación se trasladó a Roma, estudió teología en la Universidad Gregoriana y concluidos regresó a su localidad natal, allí comenzó su labor pastoral.
Hasta 1958, en que Juan XXIII lo consagró como obispo de Vittorio Veneto, ocupó cargos importantes y recibió distinciones por su labor, el 15 de diciembre de 1969 fue nombrado patriarca de Venecia, la antesala del sillón de Pedro, el penúltimo peldaño antes de ser elegido Sumo Pontifice.
En 1972, cuando Luciani era el patriarca de Venecia, La Banca Vaticana vendió al Banco Ambrosiano(propiedad de Roberto Calvi, "el banquero de Dios") la Banca Cattolica del Veneto sin consultar a monseñor Albino Luciani, jerarca del obispado metropolitano de Venecia por aquellos días. El responsable de este movimiento "comercial" fue el americano Marcinkus, arzobispo y responsable de la opaca y dudosa administración de entonces en el Vaticano, lo que creó desavenencias con Luciani.
La Banca Cattolica de Veneto estaba especializada en préstamos de bajos intereses destinadas a los más necesitados y formaba parte de un plan para aprovechar el amplio margen de maniobra que tiene el Vaticano, evasión de impuestos y movimiento legal de acciones. El sustituto del secretario de Estado Vaticano, Benelli, le pone al corriente de este plan en el que están implicados Roberto Calvi, Marcinkus y Michele Sindona.
Cuando Fue nombrado Papa Juan Pablo I pretendía llevar a cabo la continuidad de las reformas iniciadas por Juan XXIII, y los detalles del cambio estaban entre los papeles que Juan Pablo I tenía entre sus manos cuando falleció, los nombres de los sustitutos en el organigrama de la curia y la iglesia italiana, que horas antes le había presentado al cardenal francés Villot y éste le dijo: "usted es libre para decidir y yo obedeceré. Pero que sepa que estos cambios supondrían una traición a la herencia recibida de Pablo VI". Y Juan Pablo I le replicó: "Ningún Papa gobierna a perpetuidad".
Existe una teoría del envenenamiento, de la que se han publicado varios libros, el sacerdote Jesús López Sáez pone de manifiesto en el suyo que las contradicciones entre lo que declaró el Vaticano y lo dicho por la monja que encontró su cuerpo sin vida, lo declarado por la familia y algunos detalles más ponen de relieve su teoría.
El comunicado del Vaticano decía así: " Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, hacia las cinco y media, el secretario particular del Papa, no habiendo encontrado al Santo Padre en la capilla, como de costumbre, le ha buscado en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún leyera. El médico, Dr. Renato Buzzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte, acaecida probablemente hacia las 23 horas del día anterior a causa de un infarto agudo de miocardio".
El comunicado estaba repleto de falsedades, un diagnostico dado sin fundamento y por un medico que no conocía a Luciani como paciente, "un infarto de miocardio agudo y además instantáneo". Sin autopsia oficial, las circunstancias de la muerte y la información manipulada sobre el hallazgo de su cuerpo.
Se descarta la versión del infarto porque no hubo lucha con la muerte, el Vaticano también ha reconocido que no fue su secretario quien lo encontró muerto sino sor Vincenza y ésta, la monja que lo cuidaba, relataba así el encuentro: "El Papa estaba sentado en la cama, con las gafas puestas y unas hojas de papel en las manos. Tenía la cabeza ladeada hacia la derecha y una pierna estirada sobre la cama. Iniciaba una leve sonrisa".
Según López Sáez el arma del crimen fue una dosis fortísima de un vasodilatador, esos eran los resultados de la autopsia y que el Vaticano niega. Una medicina contraria para quien sufre la tensión baja como le sucedía Juan Pablo I. Esto explica que su muerte fuera la de caer en un profundo sueño y no como hubiera sucedido con un infarto, no hubo señales de lucha.
Por otra parte, la del ex-embajador francés, Roger Peyrefitte, asegura que quien le puso la inyección causante de la muerte fue el mafioso Brucciato, muerto en un atentado contra Roberto Rossone, vicepresidente del Banco Ambrosiano, y acompañado de dos monseñores de la curia.
Según López Sáez: "Nadie sabe exactamente quien mató al Papa, todo apunta a la logia masónica P2, no se puede responsabilizar a una persona en concreto, aunque hay quien señala al entonces presidente del IOR (Banco del Vaticano), monseñor Marcinkus y el entonces Secretario de Estado, el francés cardenal Villot".
Era el Papa que no quería ser jefe de estado, sin soldados, ni ejército, que pretendía una reforma profunda de la iglesia y además gobernar con los obispos. El Papa que quería promover para los pobres un instituto de caridad, para hospedar a los sin techo de Roma.
Que pretendía cambios en el papel de la mujer en la iglesia y que renunció a la corona y a la Tiara en la ceremonia de entronización.
El Papa de la profecía.
Otro Papa bueno que no le permitieron ejercer su bondad asesinándolo.


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