sábado, 27 de septiembre de 2008

Héroes por Europa (contra Hitler)


La historia de la humanidad recoge una lista innumerable de nombres propios catalogados como héroes, leyendas que con el tiempo se van agrandando, se agigantan sus figuras y se recuerdan generación tras generación. En cambio, otros merman popularmente, se esfuman, evaporándose hasta pasar prácticamente al anonimato. Injustamente quedan relegados a un triste recuerdo en cualquier rincón o plazuela de las ciudades, esto en el caso de los más agraciados, en su mayoría no reciben reconocimiento alguno por sus heroicas actitudes que en tiempos pasados significaron ser relevantes para sus ciudadanos en las épocas en las que les tocó convivir.

Los héroes no están hechos por una misma plantilla o molde, los hay como los botones, de distintos tamaños, colores y modelos, alegres y tristes, justicieros y pacíficos, honorables y villanos, y por supuesto no son necesariamente valientes. Por lo general los héroes no se preparan para ello como si de una carrera se tratara, no existen estudios en los que se culminen doctorándose y mucho menos que se les pueden catalogar por unas cualidades determinadas. Para ser héroe se necesita estar en el sitio y en el momento menos adecuado... o proponérselo, alguien que no recuerdo en este momento dijo alguna vez "cuidado con lo que te propones, o sueñas, porque se puede convertir en realidad", pero esto último no garantiza nada, todo lo más puede resultar que nos salga el tiro por la culata y se nos jodan las intenciones.

Pero independientemente de la heroicidad mostrada o del resultado de ésta, la memoria de la humanidad es frágil, ingrata, olvidadiza, quizás porque nuestra historia está repleta de personas generosas, en unos casos, y responsables en otras, que son capaces de exponer sus vidas por salvar las de otros sin importarles el precio y mucho menos el reconocimiento. Alguien que se proponga intervenir solo por alimentar su vanidad, tasando el valor en un hecho notable, nunca se convertirá en héroe porque el interés propio lo deja fuera de este reconocimiento.

Mi intención no es la de hacer de este ramillete de miradas un folletín bélico, de guerras y revoluciones, pero son en estos campos donde suceden, o surgen, acontecimientos, o personas, que terminan por ser reconocidas como héroes, eso sí, más obligados por las circunstancias que les rodean que por propia convicción. Nadie es un héroe hasta que el destino caprichoso lo nombra como tal a los ojos de la historia.

La llamada guerra civil española y la segunda mundial van juntas en la historia, cogidas de la mano, porque si es verdad que a primera vista España quedó fuera de la contienda en la gran guerra europea no fue por neutralidad como nos quisieron hacer ver en el régimen de Franco, fue parte activa de ella, el entremés de este bélico menú. Hitler no invadió España por dos razones, la primera porque se trataba de un régimen aliado que acababa de llegar al poder, y en segundo lugar porque realmente no merecía la pena ni intentarlo, por la razón de que podría ser invadida en cualquier momento y sin esfuerzo alguno, era un país destrozado por tres años de enfrentamiento atroz.

La dictadura franquista siempre mostró el encuentro de Hendaya con Hitler, en la estación de ferrocarril, como una prueba de la valentía del "generalísimo", al que su colega y compinche el general Queipo De Llanos llamaba "Paca la Culona", en los círculos más allegados. La propaganda del régimen franquista proclamaba a los cuatro vientos que si los nazis no invadieron España fue porque el caudillo les paró los pies y se enfrentó a Hitler, nada más lejos de la realidad, todos sabíamos que esto se comenzó a proclamar una vez acabado con el nazismo. La realidad es que España perteneció al bando fascista y la dictadura duró más de cuarenta años por dos motivos, el primero por la complicidad con Hitler y Musolini, y el segundo porque a Estados Unidos les interesó a cambio de instalar bases militares por todo el país, por su importancia geográfica.

Los españoles que tuvieron que huir del país y lo hicieron en dirección francesa se encontraron con que el peligro se mudaba de territorio igual que ellos, que buscaban un país donde refugiarse del terror y se metieron en la boca del lobo sin pretenderlo. Fueron muchos los que perecieron en el país galo, y otros en campos de concentración nazis, en Alemania, Polonia, etc., también los hubo que pudieron cruzar el Atlántico y con ello salvar sus vidas y un buen numero de excombatientes republicanos que se unieron a las fuerzas de la resistencia francesa, que a la postre participaron en la liberación y fueron reconocidos como héroes. Es el caso de la 9ª Compañía, o la Compañía Leclerc, donde destacó el teniente Amado Granell, junto a los españoles que la componían casi en su totalidad. Fueron los primeros en desfilar por las calles de París tras liberarla y el gobierno francés los reconoció como tal, como héroes.

Algunos monumentos en la capital parisina así lo recuerdan, aunque ha tenido que pasar tiempo para el reconocimiento oficial, otra cosa son los reconocimientos populares, los más sinceros pero también los más olvidadizos. Es de justicia recordar siempre a estos heroicos que lucharon por la libertad y en especial al teniente Granell que murió en un accidente de trafico en los primeros años setenta, en la comunidad valenciana. El destino caprichoso quiso que los peligros de la guerra no le afectaran para recuperar la libertad y en cambio a su propia vida no la protegió la fortuna cuando ya no le era útil. Otro héroe español, catalán de Barcelona, fue Juan Pujol, pero éste de significativo resultado y sin pegar un solo tiro o disparo. No se trata de que su participación en el conflicto fuese más valorado o menos, pero si es cierto que su contribución fue determinante en la batalla más importante, la de el desembarco de Normandía.

Consiguió engañar a Hitler y con eso dejó libre el camino para que las tropas aliadas comenzaran la definitiva ofensiva que les llevó a la ocupación de Berlín y con ello la victoria en el enfrentamiento más participativo que se recuerda. Juan Pujol era espía doble y conocido por el código Garbo. Desertó de las filas republicanas y de las franquistas, pero su participación en la guerra fue fundamental. Se ofreció a los ingleses como espía y estos desestimaron su ofrecimiento, pero su deseo de colaborar contra los alemanes, de los que pensaba que acabando con ellos se acabaría con Franco, le llevó a ofrecerse a los nazis, los engañó y desde Lisboa les hizo creer que estaba en Londres, les enviaba información que recopilaba en un mapa de Inglaterra, un manual de términos militares, una guía de navegación marítima y una publicación portuguesa que se llamaba "Flota Británica" y se inventaba nombres de otros espías, hasta que consiguió convencerles y se ganó la confianza.

Entonces se ofreció de nuevo a los ingleses y esta vez sí aceptaron tenerle como espía doble. A partir de ese momento su actividad fue determinante, es el único espía que consiguió el reconocimiento por parte de los nazis con La Cruz de Hierro, y la del gobierno inglés, con la Orden del Imperio Británico. Lo de Garbo fue puesto por sus superiores ingleses, del que decían que era el mejor actor del mundo, por ese motivo la relación con la extraordinaria actriz sueca. Murió en Venezuela, en Caracas, en 1988, después de creérsele muerto por más de cuarenta años.



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