martes, 23 de septiembre de 2008

El maleficio de la mariposa



"Primero. En todo gremio que se produzca una huelga o el abandono de servicio que por su importancia pueda estimarse como tal, serán pasados por las armas todas las personas que compongan la directiva del gremio y además un número igual de éste discrecionalmente escogidos. Segundo, que en vista del poco acatamiento que se ha prestado a mis mandatos advierto y resuelvo que toda persona que resista las ordenes de la autoridad o desobedezca las prescripciones de los bandos publicados o que en lo sucesivo se publiquen también serán fusilados sin causa propia".
Esta conducta pone de relieve la represión que se llevó en toda España desde que comenzó el conflicto que derivó en una guerra mal llamada civil, fue una guerra contra los españoles orquestada por los fascistas europeos, Musolini y Hitler, que tuvo como aliados a un puñado de militares entre los que se encontraba Franco.

Las primeras palabras de este articulo pertenecen al general Queipo de Llano, una orden dirigida a la comandancia de la guardia civil de Aznalcázar (Sevilla) el 23 de julio de 1936, cinco días después del alzamiento fascista que truncó el sueño de un país democrático y las vidas de media España, entre las víctimas de la guerra, los exiliados y los represaliados y asesinados después del conflicto armado, porque las represalias no acabaron hasta bien entrada la década de los 50.
El poco acatamiento al que se refiere el general es la voluntad del pueblo que se vio obligada por las armas a acatar las órdenes de un grupo que apenas significaban un puñado en cada localidad. Pero el hambre, el miedo, la falta de armamento frente al arsenal que Hitler y Musolini pusieron en manos de los militares sublevados, más los mercenarios musulmanes de África y los soldados italianos entre otros, junto con los falangistas (que no consiguieron un solo escaño para el parlamento en las elecciones anteriores) pusieron al país doblegado a sus pies. Destruyeron la legalidad establecida mediante las urnas y el terror vestido de muerte, represalias y barbarie, recorrió la piel de toro de punta a punta. Fue el resultado después del intento fallido de golpe de estado por los militares, no consiguieron su propósito intentando derrocar al presidente de la república y poco tiempo después comenzaron uno de los capítulos más crueles de nuestra historia. Eran años donde el caciquismo, el abuso de poder, el analfabetismo y la miseria, asolaban a una nación en manos de unos pocos, dueños de tierras y voluntades, que temían por perder sus privilegios y antes de que el gobierno republicano pusiera pie a tanta injusticia lo derrocaron por medio de una guerra cruel.

Pero esta espiral de muertes y violencia ensangrentada de unos pocos contra la mayoría del pueblo indefenso continuó de la manera más vil y la llamada post-guerra fue un autentico genocidio más de dos décadas después del final de la guerra. Los asesinatos selectivos continuaron arropados por los fascistas en el poder.
Las carreteras y caminos se llenaron de fosas comunes que aún hoy todavía trabajan por recuperar los cuerpos y darles sepultura dignamente, las llamadas asociaciones por la recuperación de la memoria histórica. Son varias las generaciones de españoles las que han fallecido sin poder encontrar a sus muertos, asesinados como perros a las afueras de las ciudades y pueblos, en lugares desconocidos donde son difíciles de hallarlos. El miedo y la represión han acallado las voces de los contados testigos que se llevaron consigo y a sus tumbas los testimonios para recuperar la dignidad de tantos inocentes que sacaron de sus hogares en la noche, los montaban en camiones y nunca más volvieron sus familiares a saber de ellos. Por poner un ejemplo diré que en la provincia de Huelva fueron asesinadas 6.0 19 personas de las que solo 386 lo fueron tras sentencia de consejo de guerra.

Después de tantos años por fin un juez ha sacado a la luz una herida que no cicatriza y que desde unos años a esta parte, desde el 2000, se han reproducido las asociaciones que trabajan desinteresadamente por esclarecer lo acontecido después de la guerra. Son cientos de miles los casos que el juez Garzón ha recibido de manos de estas asociaciones e instituciones públicas, archivos de municipios, de comunidades y cuerpos de seguridad. Es la iglesia en su mayor parte y los ayuntamientos los que tienen esos datos que harían dar con tantos desaparecidos, ya que eran enterrados muchos de ellos en las fosas comunes de los cementerios pertenecientes a ayuntamientos e iglesias. Pero los eclesiásticos no parecen estar por la labor de recuperar la memoria histórica, ni la iglesia ni los conservadores, quizás porque en ambos casos fueron participes de esa barbarie, los curas porque eran los que denunciaban a los ciudadanos por comunistas, a los que más tarde los falangistas apresaban y fusilaban, además de apropiarse de las posesiones del asesinado. Y en segundo lugar los conservadores, los que se niegan con la excusa de que es abrir de nuevo heridas del pasado. Estas heridas nunca se han cerrado, han estado siempre en carne viva desde entonces, pero claro, a nadie le gusta que le recuerden que sus antepasados fueron asesinos fascistas, autores de las máximas y más crueles actitudes criminales.

Es extraña la familia que no tiene una historia relacionada con esta barbarie, calladas por el miedo, por la represión y que ahora las nuevas generaciones queremos que la historia ponga al dictador y a su régimen en el lugar que les pertenecen. No podemos consentir que el tirano muera en su cama y que queden impunes tanta crueldad, que no solo Dios y la historia los juzguen, la justicia de los hombres, la del pueblo que masacró también está en su derecho de pedirle responsabilidades. Pero quizás esto quede para un segundo plano, en el primero esta la dignidad de tantos hombres y mujeres asesinados por venganza. Para comprender hasta que punto fueron crueles les recordaré que hace un tiempo y al parecer en una provincia andaluza, más concretamente en Huelva, desenterraron los cuerpos de seis personas asesinadas, una madre embarazada y cinco menores de edad.

En mi caso particularmente y familiar añadiré dos casos, el primero mi abuelo, cuyo delito fue abandonar un cortijo en Alcalá la Real, Jaén, cuando se encontró entre los dos frentes. Mi abuelo era un pobre hombre analfabeto que se encargaba de cuidar dicho cortijo y temiendo el peligro que suponía para su familia, su mujer y seis hijos pequeños, huyó de la finca por miedo y se dirigió donde estaba lo legalmente establecido, la república. Cuando acabó la contienda la dueña del cortijo, una señorita de Madrid que nunca había visitado Andalucía, lo denunció por abandono de la finca y por comunista, esto último era suficiente para asesinar a una persona. Primero fue pena de muerte, después lo dejaron en cadena perpetua y por fin, después de veinte años de trabajos forzados lo dejaron en libertad. El segundo caso fue el suegro de éste, mi bisabuelo, que no tuvo tanta suerte y fue fusilado, aunque por caprichos del destino pude encontrar su enterramiento, una fosa común en el cementerio de San Rafael de Córdoba. Una mañana, hace varios años, fui a las oficinas del cementerio a informarme donde podrían estar enterrados los restos de mi bisabuelo, para un asunto de herencia familiar de poca monta, una casa de parientes lejanos que no tuvieron hijos y que habría que repartir entre más de veinte sobrinos. El destino quiso que por aquellos días estuvieran de obra, reparaciones del edificio, y me dijeron que si quería que mirara en aquellos libros apilados en un rincón, mugrientos y muy deteriorados, eran los libros de registro de los años posteriores a la guerra. Fue asombroso comprobar como las causas de tantos muertos era la de desconocida, muchos de ellos con una referencia en común "moro". Toda la mañana husmeando entre aquellos libros me llevaron hasta el paradero de mi antepasado, estaba enterrado en una fosa común y como tantos decía desconocer las causas de su muerte, todos los familiares sabíamos que fue fusilado aquella noche en la que se lo llevaron los falangistas, después de la guerra.

Las víctimas de la guerra fueron muchas y de distinta ideologías, de un bando y de otro, con víctimas inocentes por cada lado, aunque especialmente por el bando de los perdedores, fue la represión posterior lo que deja un sentimiento de impotencia, de injusticias por abuso.
La víctima más significativa fue Federico García Lorca, que fue asesinado al principio de la contienda. Cuando comencé a escribir este artículo lo llamé El maleficio de la mariposa por el nombre de una obra de teatro de la que era autor el granadino universal, por la similitud entre el titulo y el contexto en el que se enmarca su vida y obra. Pero como la historia de Federico es conocida por todos, o al menos en su mayor parte, solo haré de él un breve reseña, en cambio el titulo lo dejaré por lo que tiene en común con la II República, fue breve en existencia, fresca y alegre como la esperanza que la envolvía y rodeada de maleficio por como sucumbió, como tragedia con un largo preludio.



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