domingo, 21 de septiembre de 2008

Del armario a los altares (hasta que la muerte los separó)

Probablemente entonces no pensaría Juan Pablo II que proclamar venerable al cardenal Newman, en 1991, supondría un chino en el zapato, una incomodidad para la iglesia católica a las puertas de su canonización por la "heroicidad de sus virtudes". Más bien será un premio por su transfuguismo de la iglesia anglicana a la católica y por ser el más ilustre de los conversos ingleses, se convertiría en el primer santo procedente del anglicanismo si Benedicto XVI culmina el proceso canónico, uno de sus guías intelectuales.
John Henry Newman nació en Londres a comienzos del siglo XIX, en 1801, en el seno de una familia acomodada pues era hijo de banqueros. Tuvo el privilegio de estudiar en una de las más selectas universidades, en Oxford, donde también fue profesor durante décadas, lugar en el que se estrenó como pastor de la iglesia anglicana en 1825.
El llamado Movimiento Oxford, al que lideró, se creó con la intención de restituir a la iglesia anglicana el derecho a considerarse como la católica o la ortodoxa dentro de la iglesia, aunque sin romanizarse. Fueron años en los que escribió algunas de sus grandes obras. Pero fue en 1845 cuando se convirtió al catolicismo después de abandonar la Universidad de Oxford tres años antes porque sus propuestas reformistas chocaban con las jerarquías, retiro que dedicó al estudio y la meditación. Fundador de la Universidad Católica de Dublín, algunas de sus ideas como la relación de fe y razón, o sobre el pensamiento dentro de la iglesia, se plasmaron en el Concilio Vaticano II y fue nombrado cardenal por León XIII en 1879. Murió a los 89 años de edad, hace 110 años.
Este es un resumen de lo que la iglesia católica aceptaría como la biografía de un ilustre y prolífico eclesiástico, que escribió una treintena de libros y entre los que solo una novela tiene cabida, Calista, de 1855.
Pero su parte molesta, que no oculta, es su conocida homosexualidad. Ya creaba polémica en su época por su afeminamiento y las amistades íntimas que mantenía, las cuales fueron comidilla que crearon revuelos, aunque no es la primera vez que se airea este asunto. Más ahora que Benedicto XVI pretende remover la tumba del cardenal Newman para agilizar su beatificación, pero necesita el permiso del gobierno británico para trasladar la tumba desde Rednall hasta la basílica de Birmingham, con la intención de que los peregrinos veneren al beato en un lugar apropiado. Esto no supondría inconveniente alguno sino fuese porque se violaría la voluntad expresa del cardenal de ser enterrado junto al hombre que amó y con el que compartió treinta años de su vida.
Los activistas gays británicos usan para proclamar su homosexualidad la oración fúnebre que dedicó a su colaborador y amante, el padre Ambrose St. John, 15 años más joven que él y fallecido en 1875. Fueron 15 años los que le sobrevivió y del que dijo que "había amado con un amor tan fuerte como el amor de un hombre por una mujer". Estas fueron sus propias palabras y por las cuales la iglesia quiere ocultar la homosexualidad del futuro beato y uno de los más ilustres pensadores, profanando su tumba y anulando el deseo del propio Cardenal Newman.
Es evidente que la iglesia católica siempre ha odiado a los homosexuales, o al menos siempre los ha despreciado y tratados con la punta del pie, como si de una enfermedad contagiosa se tratara. No es nueva esta actitud del Vaticano, donde según estudios realizados por la revista Newsweek el 50% de sus miembros podrían serlo y a los que se culpan, desde Roma, de todos los males relacionados con la pederastia y el abuso de menores. Claro que de los abusos a niñas no se habla, y cuyas cifras son igual de escandalosas, solo de los niños.
En estos tiempos donde los escándalos por abusos a menores han puesto el grito en el cielo, la iglesia pretende dejar de ordenar a homosexuales, sin saber como lo harán pues esa condición no siempre es visible, lo que deja intuir que la caza de brujas se realizará a capricho de según quien. La imagen que pretende dar el Vaticano no es otro que canalizar todas las culpas sobre la homosexualidad, cuando el problema es central y no es otro que la represión y el secreto sexual de los religiosos, que los convierte en seres acomplejados y en muchos casos enfermos sexuales, por no poder realizar un ejercicio tan natural para el ser humano. Unas de las decisiones tomadas al respecto, por los cardenales estadounidenses y el Papa en Roma, es crear un equipo que a través de "visitas apostólicas" se pueda inspeccionar los 220 seminarios de este país y el resto de instituciones de preparación, para comprobar si se está impartiendo una doctrina moral y ortodoxa dentro de sus aulas. Esto da muchas lecturas y la primera que se me ocurre es que los seminarios estadounidenses bien pudieran ser "unas casas de locas", donde Sodoma y Gomorra se quedan minúsculas en comparación.
Ni tanto ni tan calvo, esto no es nuevo en la iglesia ni tampoco la persecución de los homosexuales, es verdad que algunas citas existen en el Antiguo Testamento pero lo ocurrido en Sodoma tiene que ver más con una deficiencia en la hospitalidad que con una condena a la homosexualidad. También la biblia habla de la esclavitud haciendo una apología y no por eso la iglesia dejó de ser una de las principales voces contra la esclavitud. Del mismo modo la mujer es maltratada entre sus paginas sagradas, de la que dice que "es una vergüenza que la mujer hable en la iglesia" o que "si hay algo que deseen saber que se lo pregunten a sus esposos en casa", sin embargo gracias a la inteligencia humana se ha tomado otra actitud hacia ellas. ¿Por qué no hacen lo mismo con respecto a la homosexualidad?
Hay que recordar que el celibato no es ninguna norma que prohíban las santas escrituras, pues Pedro, el primer Papa, era casado. La norma de castidad creada en el siglo XII tiene más razones políticas que de otra índole, Jesús no exigió nada al respecto, fue una invención para administrar los pases de bienes, las herencias, de esta manera no existirían hijos a los que dejarles sus propiedades.
Pero esto surgió efecto solo a medias, porque si es verdad que la institución abarca una buena cantidad de las herencias, en la mayoría de los casos lo heredan familiares directos.
Un ejemplo que reúne varios temas, como el de la homosexualidad y las herencias, es el de el párroco de Villafranca de Córdoba, Tomás Pérez Escudero de 75 años, al que asesinó supuestamente un joven rumano de 22 años, Vasile Tudose. Al cura asesinado se le conoce por dos vertientes, la de los que le defienden por ser un buen hombre hasta los que dicen de él que le gustaba los ambientes nocturnos y las "extrañas y jóvenes compañías", y según las declaraciones del presunto asesino mantenía una larga relación sexual, además de trabajar para el cura, el que dejó de herencia, supuestamente a los familiares, tres vehículos, un Toyota Corolla, un Mercedes, un todo terreno y una finca a las afueras del pueblo. Un cortijo con alberca y embarcadero en el Guadalquivir, que alquilaba para bodas, de las que tenía el monopolio en Villafranca.
Pero esto no era nuevo, hace menos de una década, la guardia civil recibió una denuncia de una madre por las supuestas relaciones con un chaval de la zona, aunque aquella investigación nunca llegó ante los Jueces, como tantos otros casos.

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http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

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