lunes, 22 de septiembre de 2008

De imperialismos, oligarquías y dictador televisivo


En la mayoría de las ocasiones es fácil de comprobar que quien acusa de manera continuada y desaforada a otro termina por parecérsele y actuando como el acusado, especialmente cuando se trata del poder, de la política. Los radicalismos, no importa de donde vengan, son dictatoriales e irrespetuosos con las libertades del que opina de otra manera y por lo tanto nada saludable para la convivencia entre los pueblos. De la convivencia estable también es sabido que solo se consigue con la democracia, es el mejor soporte para el desarrollo de los pueblos, del progreso de las comunidades y por lo tanto del bienestar de los ciudadanos. Es en este enclave, en este estado de gobierno, donde la alternancia en el poder se presta a que todas las ideas y pensamientos se realicen apoyadas por el pueblo, los ciudadanos se convierten así en responsables de sus decisiones, representados por sus gobernantes elegidos en los comicios.
Quien me lee y me conoce sabe de mi pensamiento progresista, evidente y con marcado acento, pero de igual manera son sabedores que mi progresismo no tiene venda en los ojos, para mi punto de vista son tan dañinos los populismos de izquierdas como los neoliberalismos, de los dos extremos salen siempre perjudicados los ciudadanos, unos más que otros pero en igual medida dependiendo de los ideales en el poder. Las oligarquías no tienen porque ser necesariamente sinónimo del capitalismo, usado contra estos por las dictaduras marxistas leninistas, porque es en eso en lo que se convierten al hacerlo precisamente en dictadura, en estos tipos de gobierno son los allegados al poder los que disfrutan de privilegios y libertades en detrimento de los que piensan diferente y no comulgan con sus ideas. Es por eso por lo que la democracia, a mi entender, es la manera más justa de gobierno y la que ofrece mayor libertad, libertad democrática que comienza justamente donde lo hace el respeto hacia el otro, al que opina y piensa diferente.

Cuando se habla políticamente de América latina siempre se vuelca la mirada al pasado, al más reciente, donde las dictaduras militares, en su mayoría fascistas, surgían como amapolas en campos primaverales, desde el cono sur hasta el istmo, y con la única excepción de Cuba, que rompió con lo establecido hasta entonces en cuestión de regímenes dictatoriales y quizás fue ella la que propició que florecieran otras apoyadas por el imperialismo norteamericano, por el temor a que se reprodujeran como la mala hierba por el continente y acabaran por convertirse en el peor y más cercano enemigo. Pero si miramos a nuestro alrededor nos damos cuenta que la situación ha cambiado, indudablemente para mejor, hoy solo queda Cuba, eterna y orgullosa en su lucha contra el imperialismo y "las oligarquías", de las dictaduras que gobernaron en Latinoamérica, los dictadores están en sus peores días y no son tiempos propicios para su existencia. Las inclinaciones políticas en la actualidad van más hacia la izquierda y las democracias se han hecho fuertes en terreno propicio para los "salvadores de patrias", propicio por la pobreza que acarrean como un estigma muchos de los países que componen el continente sudamericano. Pero dentro de esta inclinación progresista existen dos corrientes y aunque forman parte de la misma ideología se muestran y se desarrollan de manera diferente, una formada por la no radicalización en lo que vendría a llamar socialismo-democrático y que curiosamente se muestran más estabilizadas social y políticamente, por consiguiente crecen más y mejor como países al utilizar inteligentemente el equilibrio. Y la otra más populista, donde las voces contradictorias se alzan cada vez con más fuerza y por lo tanto se han convertido en inestables e inseguras, a lo que viene a representar que su crecimiento no es lo mismo que las anteriormente mencionadas.

En la corriente socialista-democrática se capta una forma más moderada y no por eso menos eficaz, el Chile de Michelle Bachelet, el Brasil de Lula, la Argentina de Cristina Fernández de Kirchener o el Uruguay presidido por Tabaré Vázquez muestran una imagen renovada, actualizada, y sus conquistas sociales y económicas, en algunos casos, son ejemplo a seguir por otros. En la otra parte populista y comandada por el presidente venezolano Hugo Chávez, sitúo a los que llamaré socialistas-democráticos-radicales, pues si bien están constituidos como democracias también es verdad que en algunos casos dejan mucho que desear, sus faltas de libertades y sus actitudes partidistas y partidarias los acercan más a dictaduras como la cubana que a la propia democracia. Estos son, junto con Venezuela y Cuba, la Bolivia de Morales y la Nicaragua de Daniel Ortega.
Existe otro cause entre las dos corrientes o vertientes a los que incluiría en el primer grupo, pero tal vez aún sea demasiado pronto para catalogarlos, son Ecuador, presidido por Rafael Correa y Paraguay donde recientemente ganó las elecciones Fernando Lugo, por supuesto que no me olvido de las restantes naciones latinoamericanas, pero su protagonismo entra en un segundo plano en este articulo aunque igualmente respetuosas e importantes.
El protagonismo populista de Chávez ha pasado de ser un personaje especial en la política, para unos gracioso y para otros atrevido, a convertirse en la viva estampa de un dictador. Sus antecedentes golpistas en la intentona para derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez lo ponen en la piqueta de la realidad, sus ansias populistas ya las mostró el mismo día de su rendición, del frustrado golpe donde murieron 50 personas y más de 100 heridas, pidió hacerlo ante las cámaras de televisión y consiguió convertir su derrota militar en un triunfo, con un mensaje que convenció a los venezolanos que en un alto porcentaje pasaban hambre.
Pero sus verdaderas intenciones han enseñado los colmillos y su actitud ha sido la de cualquier dictador pero llegando a la presidencia mediante los votos de los venezolanos, los mismos que les pararon las ansias de perpetuarse en el poder cambiando la constitución en un referéndum que denegó su propuesta. El recorte de libertades a todos los niveles de la república venezolana, el control de todas las instituciones a su arbitrio, los beneficios del petróleo destinados a la compra de armamento, el enfrentamiento con todos los que no se suban a su carro revolucionario, no solo con los Estados Unidos de los que ha hecho su enemigo natural con vistas a sus seguidores en impresentables actitudes en su programa de televisión semanal. Son innumerables sus acciones antidemocráticas las que le han colgado el sambenito de dictador, la última fue esta semana pasada cuando expulsó a los representantes de HRW cuando presentaron un informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela y la falta de libertades, expulsión que ha condenado la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Sería necesario un interminable artículo donde exponer todo lo que ha sumado para que su imagen en el mundo se vea tan desgastada y más aún cuando Venezuela es uno de los países protagonistas en este último informe de la FAO, relativo al hambre en el mundo. Un país donde la violencia está entre sus problemas principales y donde las desigualdades continúan evidentes.
Su "anti-imperialismo" desaforado no le ha restado para unirse a los que se conocen como imperialistas, estos son Rusia y China, a los que sus divisas del petróleo le ha comprado un enorme arsenal y trata de formar un nuevo club con los que pasearse ante los ojos de los norteamericanos, el club de los oligarcas, pues solo hay que mirar a la Rusia de Putin y a la China comunista, banderas del recorte de libertades y donde los derechos humanos tienen menos valor que una "jícara de chocolate", por poner un ejemplo, para darse cuenta por donde van los tiros, y sinceramente, prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer, porque si este es el deseo y ejemplo para su pueblo, el de las dictaduras oligarcas, apaga y vámonos.



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