martes, 2 de septiembre de 2008

De escandalo en escandalo (Amy Winehouse, hasta la leyenda)


Existe una receta infalible para formar parte de los elegidos, para convertirse en leyenda eterna, de las que los años no debilitan su fama, popularidad, devoción, fanatismo... al contrario, para que legiones de enfervorizados fans acudan cada año desde cualquier parte del mundo a sus tumbas para recordarlos, imitarlos, llorarlos entre ríos de flores y velas, para guiarles en la oscuridad de su camino eterno y para mostrarles que no los olvidan.
Los ingredientes son pocos pero en su justa medida, morir joven, en la cima del éxito, en extrañas circunstancias y que su vida fuese un tanto azarosa o polémica. Estos condimentos son suficientes para ganarse un hueco entre los mitos por los años de los años.


No cabe duda que por más que lo intentáramos algunos no nos valdría de nada para contentar a nuestra vanidad, por muy poco exigente que fuese ésta. Ni tampoco daríamos con el perfil adecuado para conseguir estos reconocimientos y que nuestro rostro se paseara en póster de pared en pared, cubriendo desconchones, manchas de humedad y marcas de dardos tras la puerta de la habitación.


Para optar a tan afamado título es conveniente que no haya antecedentes con las mismas características, pues estas circunstancias darían al traste con las intenciones vanidosas de los interesados. Que no se repitan cualidades, que los datos familiares sean confusos o simplemente que no se tengan referencias normales como las de cualquier niño o niña. Ayudará mucho para el reconocimiento como leyenda si sus padres se divorciaron, si quedó huérfano o sufrió bullying en el colegio (si fue marginado o se sintió incomprendido es suficiente). Hay que tener en cuenta un dato importantísimo, las drogas, el alcohol y los barbitúricos tienen que formar parte de sus vidas necesariamente, que sean expulsados de los hoteles o como mal menor que no los acepten como clientes por haber pegado a un camarero en ocasiones anteriores o por la voladura de un aparato receptor de televisión a través de la ventana de la habitación.
Todo lo contrario a estas recomendaciones sería sinónimo de fracaso y lejos de convertirse en leyenda no pasaría de ser un mero imitador sin personalidad de cualquiera a quien se recuerde o se le parezca. Por eso es recomendable que hagan uso de enciclopedias, biografías varias y consulte a la pitonisa de su barrio, no por sus aciertos en el futuro, sino por la confianza que depositará en el interesado o interesada y el consejo de buena fe que le dará por pocos euros.
Con estos atenuantes y una imagen rompedora (o rota), peinados imposibles, atuendos provocadores y actitudes impresentables para cada ocasión, se va fraguando pasito a paso la leyenda de una estrella de la música, del rock, pop, jazz, blues...
Los antecedentes que servirían para tomar ejemplo a seguir, o no repetirse y caer en la imitación, son muchos a lo largo de la historia y cada década o movimiento musical tiene sus ídolos, que van desde Elvis Presley, Jimi hendrix, Jim morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain... una lista que no reflejaré al detalle pero de la que forman estos nombres y a la que pronto habrá que añadir el de Amy Winehouse.
Esta reina del pop, de voz prodigiosa, reúne todos los números para esta rifa, la de ser el primer ídolo de este milenio, la primera leyenda. Por sus tatuajes, sus peinados en forma de colmena, sus adornos variopintos junto con sus piercing le dan un aire nuevo, actual y transgresor. Su imagen ha engendrado imitadores y ha sido fuente de inspiración para diseñadores de moda, algunos tan reconocidos como Karl Lagerfeld. Ha todo esto hay que sumarle su comportamiento violento, su drogodependencia, sus ingresos en prisión y su autodestructivo proceder que le ha llevado a graves problemas médicos.
Su imagen se va deteriorando a pasos agigantados, por el crack, la marihuana... Sus pulmones destrozados por una enfermedad incurable, enfisema pulmonar, que le impide respirar y a la que los médicos le han dicho que " si vuelve a fumar drogas no sólo arruinará su voz sino que la matará", pero hace caso omiso de sus recomendaciones.
La voz de Amy es capaz de adoptar todos los matices del mezzo-soprano, contralto, y que se adapta a cualquier estilo como el jazz, blues y soul.
La primera guitarra se la regalaron a los 13 años, edad a la que la expulsaron de la escuela por no aplicarse y hacerse un piercing en la nariz, y a los 16 comenzó su meteórica carrera musical, cuando su amigo Tyler James le dio su maqueta a un productor, con el que firmó contrato y grabó su primer disco, la discografica Island/Universal.
Winehouse nació y se crió en el seno de una familia judía, en 1983, en el norte de Londres, en los suburbios de Southgate, donde formó su primera banda musical de rap llamada SWeet 'n' Sour a los diez años.
Ha cosechado los más importantes premios de la música y su reconocimiento mundial está a la altura de sus escándalos diarios, a los que estamos acostumbrados, cuando no se trata de una agresión a un fan es por su estado lamentable sobre el escenario a la que se va a ver sabiendo que es una incógnita su actuación.
Indudablemente, su música, de la que es compositora, tiene un talento palpable y cada nota es para muchos un sonido único, un regalo para los oídos. Amy Winehouse es un espectáculo en sí y cuando se tiene el placer y el privilegio de haber disfrutado de sus conciertos se da uno cuenta que está ante una de las grandes, una mujer que pasará a la lista de los mitos, de los elegidos, por reunir todos los ingredientes para convertirse en leyenda y por poseer una de las voces más hermosas de la música contemporánea.


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