sábado, 13 de septiembre de 2008

Iberos, ¿descendientes de atlántes?




En el articulo anterior referente a la Atlántida terminé diciendo que "a veces no hay que irse muy lejos para encontrar lo que se está buscando", en concreto me refería a la mítica civilización atlántica, a la que algunas teorías sitúan entre las costas de Huelva y Cádiz, cuya isla, centro de las discrepancias, parece que se hundió, o las aguas la cubrieron, frente a dichas costas del hoy denominado Parque Doñana.

Manuel Riquelme, un ingeniero de minas que lleva aplicando la docencia treinta y cinco años en la Universidad de Huelva así lo asegura, después de los estudios que ha llevado a cabo sobre el tema. Esta teoría, que comparten muchos estudiosos y que cada vez toma más fuerza, tiene como actor principal al pueblo tartesico y de cuyo posible protagonismo sobre la Atlántida también escribí en el mencionado articulo anteriormente.

La propuesta que traigo para añadir a esta posibilidad, o teoría, bien podría sumarse al desarrollo natural hasta traernos a nuestra época, porque sí lo que se busca es el eslabón perdido que una a los atlántes y los españoles de hoy solo hay que poner en el árbol genealógico a los iberos, cuyo conocimiento de su existencia no ha aportado credibilidad a la tesis por el simple hecho del desconocimiento, no porque a priori pudiera parecer una extravagancia.

Los iberos es la denominación atribuida a los habitantes de Iberia, nombre que los griegos designaron a las tierras situadas en los límites del mundo conocido. Los romanos la llamaron Hispania y describieron a sus habitantes con nombres que la relacionaban con las comunidades que convivían en ella, entre otros y por no nombrarlos a todos estaban los túrdulos y turdetanos en el valle del Guadalquivir y de tradición tartesica; bastetanos, orentanos, mastienos y deitanos desde las proximidades de Cádiz hasta el sur de la actual Comunidad Valenciana. Todos pertenecían a la misma etnia, aunque en distintas comunidades, incluidos los de al otro lado de la Cordillera Ibérica y la meseta.

Los territorios tartesicos, según el profesor Riquelme, llegaban hasta bien entrado en la hoy provincia de Ciudad Real, sur de Albacete y la costa murciana. Son a los que me he referido anteriormente y que bien pudieran tratarse de los descendientes de los antiguos tartesos y de cuya civilización sabemos lo que las obras maestras arqueológicas recuperadas de su cultura y en distintos yacimientos nos han enseñado. Cierto es que los iberos también son designados en otras partes de la geografía hispana y aceptados todos dentro del mismo concepto, pero mi interés en relacionar a los atlántes, tartesicos e iberos prefiere dejar a un lado al resto de comunidades iberas, cuyos orígenes pueden llegar por caminos franceses, mediterráneos y celtas.


Se conoce la lengua Ibera por las inscripciones hechas en plomo, monedas, cerámica, piedra... Signos específicos que fueron descifrados en 1925. Sus características representan a las lenguas mediterráneas anteriores al griego, latín o dialectos celtas, una lengua muy antigua de la que no quedan otros testimonios conocidos, de ahí su difícil traducción. Se cree que se utilizó en un área comprendida entre el valle del Guadalquivir y el río Hérault (Francia).

En la edad de bronce y a comienzos de la del hierro, desde el siglo VI al I a.C., se produce una revolución cultural entre Languedoc y el valle del Guadalquivir. el arte ibérico alcanza cotas desconocidas en otras culturas protohistóricas europeas. Pero antes está el vínculo tartesico influenciado por los griegos, los túrdulos y turdetanos y que a mi parecer podrían tener mas protagonismo en las influencias de otras comunidades llamadas iberas, influencias estas que se suponen llegaron por el mediterráneo, Francia y de los celtas.


Siempre se situaron los caminos de entrada a la cultura ibera, las renovaciones e influencias, por el Norte o por el Este, pero claro, es imposible que se tuviera en cuenta hasta ahora otra alternativa a esos caminos suponiendo que hacia el Oeste no existía posibilidad, pero situando la cultura atlántida en este punto cardinal, y otorgándole la aportación que fenicios y griegos pudieron dejar, las opciones podrían tomar otros derroteros, las mismas influencias pero por otros caminos, lo que añadiría a túrdulos y turdetanos otro protagonismo diferente, importancia que se le ha negado en detrimento de otras comunidades del norte.

Mi verdadera intención en este asunto, donde todo son suposiciones y teorías que se derrumban y levantan unas sobre otras, como la historia misma de las civilizaciones, es abrir nuevas posibilidades a las establecidas y que a fuerza de dudas y desconocimientos o confusiones se dan por aceptadas.
Y como prueba pondría como ejemplo las vías del tren, que se conoce el sentido de los raíles, pero que hasta que no se venir se desconoce si éste vendrá en una dirección o la contraria.





Texto perteneciente al libro Miradas Impacientes I
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

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