sábado, 30 de agosto de 2008

Tradiciones que avergüenzan

Hay tradiciones que sin compartirlas ni aceptarlas las lleva uno incrustadas en la piel para toda la vida, como un estigma, sangrante y doloroso. Cada vez que se maltrata a un animal con motivo festivo siento como se retuerce mi conciencia maltratada, al igual que si una puya la atravesara de punta a punta y cómplice de la identidad de mi pueblo, ancestral, que luce entre sus sellos identificativos la vejación de un noble animal para alimentar sus instintos más primitivos.

El arte taurino, el de matar, es el signo de identidad por el que se nos reconoce en todo el planeta. Desde los tiempos más remotos España ha dado al mundo nombres suficientes en todos los campos como para cubrir el mejor de los expedientes académicos. En la cultura, en filosofía, en ciencia...una lista de personajes envidiable. Un sin fin de tópicos, típicos y atípicos, elegantes y de dudosa reputación, luminosos y lamentables, verdes esperanza y cálidos entrañables, pero desgraciadamente se nos conoce por el rojo y el negro, el de la sangre y el de la muerte.

No voy a razonar sobre la "fiesta nacional", vergonzante denominación generalizada para el sentimiento de unos pocos que acuden a las plazas, cosos del despropósito, a pagar un llamativo precio por saciar el morbo, la sed de sangre, de riesgo y de crueldad derivada en muerte.
Bien podríamos excusarnos y argumentar que son otros los que acuden a presenciar tan lamentable espectáculo que nos identifica internacionalmente, pero cuando se tratan de fiestas locales donde el toro es la atracción estrella en el programa de festejos, ahí no podemos escabullirnos y mirar al tendido, queramos o no, formamos parte de ese espectáculo criminal y salvaje que nos dispara la adrenalina hasta las orejas y la testosterona nos convierte en los más valientes del universo, después de superman.

Trataré de ser breve por lo desagradable del tema pero al mismo tiempo conciso, por la importancia que tiene para los animales y las conciencias y decencia de los españoles.
Les recordaré cuatro lugares en nuestra "piel de toro" donde se celebran acontecimientos de esta índole, a cual más cruel, descabellado y sangriento. Pero no crean que son espectáculos puntuales, en verano se han vuelto una costumbre generalizada que como un ejemplo de superación cada año tratan de que la celebración sea más sangrienta y sonada que en el pueblo de al lado, convirtiéndose en una lucha por demostrar quien es más cruel y quienes desgradan y vejan en mayor proporción al animal.

En Tordesillas, Valladolid, se celebra el "Toro de la Vega", en honor a la Virgen de la Peña, por la segunda semana de septiembre.
El ayuntamiento ha regulado este sanguinario espectáculo que viene aconteciendo desde hace dos siglos. Las normas para la fiesta son dos, que no se pueden usar vehículos a motor y que al toro no se le puede dar muerte hasta que no cruce el puente, hasta que no se encuentre en la vega.
Mientras tanto, al animal se le maltrata, se le conduce corriendo clavándole lanzas de 30 cm por todo el cuerpo desde los caballos, sangrándolo, martirizándolo, y cuando consiguen situarlo al otro lado del río, cruzar el puente rodeado de un gentío vociferante que persigue al animal y anima a los jinetes, entonces comienza el sentido de la crueldad, que no es otro que matar al toro a lanzazos. El afortunado que consiga dar muerte al toro lleva a cabo el ritual que no es menos sádico, le corta los testículos y los pasea por el pueblo clavados de la punta de la lanza. El premio consiste en una insignia de oro y una lanza de hierro forjado.

El Toro de San Juan, en Coria, Cáceres, se celebra del 23 al 29 de julio y como en casi todos los pueblos que se llevan a cabo encierros no hay corridas. En este caso el cruel encierro se trata de un recorrido, con los mansos, por el pueblo para llevarlo a la plaza y entrar en el toril. Seguidamente lo sacan a la arena donde empieza el festival degradante y los asistentes le clavan al animal por todo el cuerpo divisas con dardos. Si por algún motivo surge situación de peligro para el público se apagan las luces para despistar al toro y continúa la fiesta, hasta que el animal se cansa y entonces se le pega un tiro. Un premio terrible para el noble toro que estuvo varias horas maltratado en la plaza.

El toro embolado de Medinaceli, en Soria, se lleva a cabo por la noche del segundo sábado de noviembre. En la plaza mayor del pueblo se prepara un improvisado escenario rodeado de tablones y se clava un grueso palo en el suelo. En esta madera se ata al animal por la cabeza para dejarlo inmóvil mientras le colocan una barra sobre los cuernos con dos puñados de estopa impregnados de liquido inflamable a cada extremo.
Una vez preparado para la diversión se le prende fuego a la estopa provocando dos grandes bolas incandescentes que le hacen gemir horrorizado, cuando lo sueltan, el toro, sale despavorido cabeceando y presa del terror. Al embolarlo le provoca hemorragia por la boca y por la nariz, las ascuas le producen quemaduras por todo el cuerpo al cabecear y babea profundamente, muestra del fuerte estrés que sufre durante el macabro espectáculo para que el publico se divierta. Cuando se apaga el fuego se le encierra de nuevo y se le da muerte según las leyes de espectáculos taurinos de Castilla-León.

El enmaromado de Benavente, Zamora, consiste en atarle una gran maroma al toro en los cuernos y un cabo largo desde donde tiran, arrastran al toro tratando de que no cornee a los asistentes "valientes" que saltan de un lado a otro del animal forzado, zarandeado y rodeado por una muchedumbre enardecida que le incita y provoca al animal dolorido por los desgarros y traumatismos musculares producidos por la soga con la que se conduce a la fuerza, humillado durante dos horas, para finalizar seccionándole la médula con una puntilla. Las fiestas de Benavente, el Toro enmaromado, se celebran en vísperas del Corpus para disfrute y orgullo de los nativos y foráneos de la ciudad zamorana.
Lo peor, el cinismo, es cuando casi todas estas celebraciones son declaradas de interés turístico, regional o nacional y los políticos, en vez de tratar de poner cordura en el civismo de los ciudadanos, les prometen luchar porque sus fiestas suban de categoría y el interés sea de mayor reconocimiento por un puñado de votos.
Ante estas barbaridades uno se pregunta avergonzado: ¿que prometerían estos políticos si los cornudos hicieran públicos sus votos (en caso de que pudieran votar)?



video

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