viernes, 1 de agosto de 2008

¡Agua a la vista!

Tengo que confesarles que en cierta ocasión, hace algunos años y aunque parezca mentira, yo también fui niño.
Gordito, era un niño gordito y un tanto imaginativo, como cualquier niño.
¡Pepita, tu niño anda siempre como despistado! Eso le decía a mi madre una vecina, aunque yo siempre pensé que esa vecina no me miraba con buenos ojos, que lo hacía para cubrir la falta de imaginación y kilos de su hijo. Llegué a tal conclusión porque todo lo que a mi me sobraba en carnes e imaginación a mi amigo y vecino le faltaba. Mientras él corría tras un balón yo lo hacía tras mis imaginaciones, cuando me descartaban para formar equipo de fútbol en el recreo del colegio, siempre me dejaban para portero cuando más, cuando sobraba uno porque éramos impares los reunidos el descartado era yo.
Tengo que reconocer que esa cualidad me ayudó a combatir la marginación que sufrimos los niños gorditos que, como digo, un día fui.

Supongo que se habrán comenzado a preguntar por qué les cuento este rollo de niño gordito e imaginativo si de lo que trata el blog es de agua.
Pues bien, mi fantasía volaba sin control por aquellos días en los que teorías marcadamente infantiles me invadían y concluían en situaciones que hoy me parecen tan inocentes como absurdas...algunas, otras se han tornado lógicas por la simple casualidad de deducción.

¿Me creerían si les digo que con diez años yo estaba convencido de que en Marte podría haber agua y con muchas posibilidades de que también existiera vida inteligente?
Pues mi teoría asaltó mi imaginación cuando un día el profesor nos habló de lo importante que era el sol para la vida en la tierra y que al mismo tiempo que pasaban los días el astro rey perdía su fuerza.
No me costó mucho esfuerzo convencerme de que si Marte estaba más lejos, muchos años atrás, cuando a él llegaba con la misma energía que ahora a nosotros propiciaría las mismas condiciones para que la vida se desarrollara allí, claro está que también contaba con que los seres marcianos hubieran aguantado en condiciones tan inhóspitas desde entonces, cuando el sol les calentaba. Esa era la estructura de mi teoría, simple pero lógica.

Por estos días, en los que la NASA nos vende sus logros como un experimentado vendedor de aspiradoras, puerta a puerta, me acuerdo de mis imaginativas mañanas de recreo en el colegio. No me queda más remedio que continuar imaginando porque, por mucha inocencia infantil que haya dejado atrás, la verdad no está clara. ¿Quien puede darse un paseo hasta el planeta rojo y comprobar que lo que nos dicen los americanos lanza-cohetes es verdad?

Nos quedan dos opciones, la primera creerles y esta actitud abre otros campos imaginativos, la segunda es más de lo mismo, especulaciones políticas, económicas y sociales que dejan vulnerables nuestras creencias en la buena fe de las influencias del progreso o futuro.

La primera opción es muy propicia para esta exclamación: ¡Agua a la vista! Quinientos y pico años después de que Rodrigo de Triana gritara aquella frase, tan manida, vuelve hasta nosotros disfrazada de distinto elemento y sobre un vinculo diferente, todo es igual, solo cambia el decorado, la tierra por el agua y el océano Atlántico por el espacial. Por lo demás nada es diferente, todo marca el mismo significado, la expansión del ser humano, la necesidad de llegar más allá de lo conocido.
Incluso el sentido o contenido de la aventura visten con la misma prenda, la de la ambición desmedida.


¿Quizás si fuese cierto, como parece ser la confirmación, el imperialismo americano dejaría a un lado al oriente medio y su petróleo para poner los ojos en lo que reportaría el planeta rojo?
¿Dejarían de manifestarse en la región murciana demandando trasvase de agua, del Ebro, para regar sus campos de golf? ¿Se comprometería Paco el Pocero a traer el agua marciana para su faraónica urbanización en Seseña, ante la falta de líquido elemento?
Al igual que en mi infancia las preguntas me invaden descontroladamente, sin duda esta noticia cambiará el rumbo de la historia, porque de la misma manera que las carabelas de Colón zarparon en busca de las especias de la India, la nave Phoenix lo hizo tras el H2O y obtuvo también su recompensa en forma de hielo, eso sí, tuvo que ir un poquito más lejos que donde se encuentra la patria de Mahatma Gandhi. Ahora solo cabe esperar que la colonización respete la vida y su cultura marciana...¡Por supuesto! No pensarán que en mi fantasía no entra tal posibilidad, de que exista vida en "el nuevo mundo".


Lo que me cuesta imaginar es que la iglesia católica se ponga su traje de faena y manos a la obra en la nueva evangelización, esta vez les costará un poco más de esfuerzo que en otras ocasiones, pero tratándose de quien se trata cualquier cosa es posible...no hay que perderlos de vista.


Con respecto a la segunda opción, la de que no sea cierto y nos estén mintiendo, que las imágenes de la Phoenix no vengan de Marte y que se trate de un montaje de la NASA en la Conchinchina, por la necesidad de vender éxitos para mantener la inversión y presupuestos ante la crisis que nos atosiga, ante esa posibilidad nada me a de extrañar, por lo tanto mejor seguir imaginando sin perjuicios.




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