sábado, 23 de agosto de 2008

La Religión y los Derechos Humanos de la Mujer



Existen un buen puñado de causas por las que el hombre se debería sentir avergonzado y otras tantas que, aún avergonzandose, mira para otro lado como tratando de buscar un culpable o una excusa que le libre de ese sentimiento de culpabilidad.
Pero cuando se trata de géneros, femenino y masculino, solo hay dos polos, la víctima y el victimario, por mucho que uno trate de excusarlo siempre pertenece al bando de los injustos y el silencio ante tales actitudes nos convierte siempre en colaboradores, en crueles victimarios.
En el nombre de Dios se cometen barbaridades que ponen los pelos de punta, en todas las religiones, pero no culparé a unas más que a otras aunque mencione a algunas de ellas.
Sin duda la mujer en las religiones ocupa el lugar de víctima, es la gran desfavorecida pero al mismo tiempo la más utilizada, nos hacemos uso de ellas para cualquier cosa que no sea decisiones ni cargos importantes. Pero la mujer en la naturaleza y la sociedad es imprescindible, su aportación se infravalora y las normas de convivencia y comportamiento se convierten en verdaderos castigos insoportables por el solo hecho de nacer mujer. El cinismo es intolerable pues si bien en todas las creencias se muestra a la mujer como parte importantísima del redentor, de su existencia, en el fondo la actitud hacia ellas es de respeto mínimo y en algunos casos inexistente.

No se pueden culpar a los estatutos, a las normas establecidas, a lo que dice unas u otras escrituras sagradas, nosotros somos los responsables de continuar con lo establecido cuando se trata de injusticias. Las mujeres, cualquiera de ellas es nuestra madre, hija, hermana o la madre de nuestros hijos y sin ellas no sería posible nuestra existencia.
En culturas tan dispares como la musulmana, la hindú, Judía o Católica, la mujer queda relegada a un segundo plano, como un ser impuro, indigno de lo que establece la religión. ¿Pero de donde nacemos sino de ellas? ¿Por qué la dignidad es nuestra y de ellas no?

El machismo desaforado llega a crueldades insospechadas cada día y en todos los lugares de la tierra. En Irán o Afganistán son violadas, maltratadas o vilmente lapidadas por las leyes coránicas y bajo su protección, por el hecho de querer separarse del marido o por adulterio. Las mujeres viven toda su vida como en una celda, encarceladas en sus burcas, un marcado reflejo de la debilidad del hombre con esa costumbre, el llamativo complejo de inferioridad que tiene y la manera de mostrar el derecho que posee sobre la mujer, como una propiedad, sin decisión propia.

En la india las viudas mal viven en basureros mendigando algo que llevarse a la boca, expulsadas de sus hogares cuando fallece el marido y quedan desprotegidas, acusadas de mal augurio las tiran a la calle, literalmente, sin compasión de ningún tipo, a las que acusan muchas veces de ser las culpables de la muerte del marido.
Según el Código de Manu, unas de las escrituras sagradas más antiguas, una mujer no será nunca independiente. Dice así: "Una mujer debe de sufrir mucho antes de morir, debe de ser pura en cuerpo, pensamiento y alma". Pero el Skanda Purana va mucho más allá todavía: "Un hombre sabio debe de evitar a las viudas, aún sus bendiciones, como si fuera el veneno de una serpiente".

Todos los días vemos a las asociaciones de los derechos humanos clamar, exigir, que paren estas injusticias en el mundo.
Recientemente he leído un articulo en El País titulado "Genes nuevos para los Samaritanos", en él que la mujer vuelve a ser la protagonista, la víctima, y dice: "Las mujeres tienen que obedecer a sus maridos y preservar la religión, esa es su misión". Y explica que para los samaritanos preservar la religión significa que la mujer debe quedarse en el rincón de una habitación el tiempo que esté con la menstruación. Durante ese tiempo no puede mezclarse con nadie para no contaminar ni puede cocinar, por eso los samaritanos no pueden aceptar comida de nadie, porque no tienen la garantía de que haya sido cocinado por una mujer "limpia". Cuando las mujeres dan a luz, deben quedarse también aisladas durante 40 días, si la criatura es niño, si es niña el doble de tiempo, 80 días.
Cuando leo esto lo primero que se me ocurre es: ¿que les hará pensar a estos ridículos machistas que son más "limpios" que cualquiera de las mujeres samaritanas?

Pero en la religión católica no se quedan atrás en cuestiones de quien trata a la mujer más despectivamente. Aquí en España, por ejemplo, recuerdo en mi niñez que las viudas ni salían a la calle hasta guardar el luto por muchos años del marido, con la cabeza cubierta por un velo que recordaba a las musulmanas de hoy y a la que se le viera conversando con un hombre en plena calle era tachada de pelandusca como mínimo y se le marginaba dándole la espalda, incluso por las mismas mujeres. Ellas no tenían derecho sobre sus hijos, ni podían salir al extranjero a no ser con permiso del marido. Eran normas del catolicismo más radical.
Lo peor y más lamentable era que todas estas normas las obligaban e imponían quien menos relación tenían con las mujeres, los religiosos radicales, fundamentalistas que solo viven para el miedo, la represión, el terror y la muerte de los más débiles.
Una muestra más del porqué no creo en las religiones, están impregnadas de injusticia.


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http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/


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