jueves, 21 de agosto de 2008

Hornero, el pájaro albañil.





Todo lo que se vuelve cotidiano y se hace costumbre pierde el interés o la importancia que merece, más aún cuando se trata de especies animales que están en peligro de extinción.
Parece, por la actitud que mostramos, que es un asunto ajeno a nosotros, que no nos afecta que quepa esa posibilidad y que desaparezcan especies animales que no sabemos ni que existen.

Nos hemos acostumbrado a que de vez en cuando aparezcan datos sobre este asunto, con cifras comparativas con otro tiempo y pronosticando la fecha en que cada uno de los animales que salen a la palestra dejarán de existir. Sinceramente creo que no nos importa, tomamos este tipo de noticias como si fueran de relleno, para cubrir el espacio informativo y actuamos indiferentes a los datos, como si tuviéramos asumido que esto no tiene remedio, que no es cosa o asunto nuestro, como mucho mostramos algo de descontento segundos después de escuchar la noticia pero poco más.
En más de una ocasión he contado lo agraciado que fui en mi niñez, la suerte y dicha que tuve al criarme en unos lugares naturales, rodeado de huertas, de frutales y en los sotos del río Guadalquivir. Sitios donde los animales eran sumamente importantes y de los que aprendí a respetar la naturaleza, observando a los pájaros en primavera, fabricando sus nidos y viéndolos crecer, comenzar a volar y abandonar el nido, hasta el siguiente año en muchos casos.
En mi casa, con patio y lindando a huertas, se criaron y convivieron con nosotros una cantidad enorme de pájaros, siempre había alguno que entraba y salía cuando le apetecía, que regresaba por la tarde para dormir en algún lugar y que cada mañana volaba en libertad, que acudía al hombro de cualquier miembro de la familia cuando comíamos a pedir una miguita de pan mojado. Esto lo hacían los gorriones, verderones, colorines, chamarines...pero también hubo perdices, codornices, palomas y hasta urracas y una abubilla.
También es cierto que en ocasiones sufrieron accidentes y perecieron ante un pisotón imprevisto, otros en cambio se marcharon una mañana de primavera para nunca más volver.
Según la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), Uno de cada diez pájaros y el 25% de los mamíferos están en peligro de extinción, mientras que dos tercios de otras especies también figuran en las listas de amenazadas por desaparecer. Que la actividad humana en los últimos quinientos años ha causado la extinción de 816 especies y que desde el siglo XVIII han desaparecido 103 diferentes.
Son 12.000, especies las que los expertos han identificado, entre animales y vegetales, como en peligro inminente, incluyendo a más de 1.000 mamíferos.
Las causas son bien visibles, la perdida de hábitat, la degradación, el impacto de la industria, los asentamientos humanos en regiones salvajes.
Pero como bien aconseja el informe de la UNIC, muchos problemas podrían mejorar si los gobiernos adoptaran los tratados que se aprobaron en la Convención de Río de 1992.
Como ejemplo podría traer a esta pagina una lista interminable de seres vivos que probablemente estarán desapareciendo en este justo momento, pero no pretendo dejar un sentimiento ácido de culpabilidad, aunque esta actitud sería más practica, prefiero dejarles con un mensaje positivo, contarles una leyenda que tiene sus raíces en Sudamérica, los orígenes del Hornero, que si bien he leído varias todas acaban en la misma resolución e igual de románticas, por lo que escogeré una.
El Hornero o pájaro albañil vive entre Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Ecuador. Construye sus nidos de barro, de ahí el nombre, uno nuevo cada año, y tarda una semana aproximadamente, con un peso de unos cinco kilos y de dureza considerable cuando se seca.
Es nombrado pájaro nacional de Argentina y, al igual que las palomas, poseen un carácter manso los que conviven con el ser humano en las ciudades. La pareja es estable de por vida y en tiempo de cría, cuando uno regresa, anuncia con su canto para que el otro salga.
La particularidad más destacada es la de cantar la pareja a dúo.
La leyenda cuenta que en una tribu Guaraní, el hornero transformaba el barro en hermosas vasijas y pulidos platos en la puerta de su choza con gran alegría, ya que al día siguiente se casaría con la joven más hermosa de la tribu, también alfarera.
Esa noche, como todas las noches en las que había boda al día siguiente, se reunieron las familias de los novios, el cacique y el hechicero, para la ceremonia de los presagios.
El hechicero hizo lo de siempre, bailó, cantó, y después echó un puñado de bayas al fuego y entonces ocurrió lo que nunca antes, el fuego se apagó y un fuerte viento cubrió a los presentes de una gris ceniza, cuando todos miraron horrorizados al hechicero éste presagió grandes desgracias para la comunidad derivadas por aquel matrimonio, motivo por el cual el cacique prohibió la unión de los enamorados.
Pero estos convinieron en fugarse a la selva para fundar en ella su hogar, lo que llevaron acabo a la noche siguiente, pero los indios los descubrieron y los persiguieron lanzándole flechas con puntas envenenadas.
Cuenta la leyenda que cuando los jóvenes caían mortalmente heridos, un revuelo de plumas y trinos surgió en el lugar y que ambos se transformaron en esas simpáticas avecillas que fabrican su nido de barro con tanta habilidad. Fue así como nació el hornero, pájaro laborioso de los campos de Sudamérica.
No nos convirtamos en aquellos indios que persiguieron a la pareja Guaraní, por entre la selva, porque el mal augurio no desaparecerá acabando con los animales, sino todo lo contrario, surgirá con su extinción, cosa definitiva porque dudo que como en la leyenda se conviertan en otro ser más positivo para el planeta.

video


http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

1 comentario:

  1. Una muy buena lectura, la que has dejado aqui en tu blog. Yo llegue a ella en busca del canto de un hornero, para comprobar si mi silvido se le parecia.

    El Hornero, avisa con su canto cuando el temporal y la lluvia llegan a su fin, el hornero o cacerita.

    Soy de Córdoba, esta mi ciudad que lleva como homenaje el nombre de la tuya, en el centro de la Republica Argentina.

    Saludos y Gracias por la lectura
    Andres Gustavo Aguirre
    30 años

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