lunes, 25 de agosto de 2008

El Milagro de Anantapur


A veces, por más que se empeñe la vida en lo contrario, las buenas obras florecen con el máximo esplendor. Digo esto porque acostumbrado a un mundo injusto donde los marginados y más necesitados del planeta siempre están del lado de los perdedores, las ocasiones en que la justicia se muestra en forma de lógica lo hace de manera hermosa, casi milagrosa, y nos muestra que no hay que esforzarse mucho para recoger frutos, solo hay que tener en la conciencia como primera norma lo que dice Vicente Ferrer: "el único sentido de la humanidad es ayudar a quien menos tiene".
Desde siempre la tarea de las ayudas humanitarias tenían su peso especifico en las religiones, al menos se distribuían bajo sus directrices, eran la mejor imagen para su justa repartición y las catalizadoras de donaciones, anónimas o con nombre propio, pero exceptuando casos donde los resultados eran evidentes en su justa medida, en la mayoría prevalecía lo que dice el refrán: "Quien reparte siempre se lleva la mejor parte". Las religiones nunca dieron nada, todo lo más fue vivir y colgarse las medallas de la donación, de lo que otros donaban. Para comprobar esto solo tienen que rebobinar en la memoria y recordarán a pocos curas o sacerdotes que fuesen pobres (otra cosa es la imagen que daban) y la mayoría siempre dejaron buenas herencias a los familiares.
Las políticas humanitarias de las iglesias están obsoletas, siempre lo estuvieron, son contadas las iniciativas en las que se dieron resultados positivos y bases para el futuro. La iglesia católica tiene su forma de vida en las desgracias del ser humano, es su campo de batalla y es la causa principal por la que no luche por erradicar la pobreza, necesita a los pobres para continuar viviendo.
El hambre, las enfermedades, la muerte, todo lo negativo que rodea al ser humano es su hábitat natural, son sus principales fuentes de ingresos y, aunque su sentido es luchar contra todo esto, no le interesa hacerlo de manera definitiva para que su existencia deje de tener sentido.
Las limosnas degradan, no ayudan, no en la medida que la pobreza lo necesita. Las políticas de futuro son las de integración, las de el desarrollo de las comunidades, para explicar esto no hay mejor que un proverbio chino que dice: "Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida". Esto es lo que las religiones no han echo, sino todo lo contrario, es una manera de depender de quien te da un plato de comida y tener que agradecérselo de por vida, esto siempre se vio en los pueblos y el poder de los religiosos que les otorgaba sobre los pobres era tan importante como sus propias vidas.
No creo en las instituciones, creo en la buena fe de las personas y en sus desinteresadas ayudas, en la lucha por el que menos tiene sin importarle el interés personal.
Las nuevos encausamientos de las ayudas están soportadas sobre las ONG, esto es lo mismo que las religiones, por supuesto que no las comparo a todas por igual. Como experiencia propia les diré que aún siendo laicas funcionan a la manera de las religiosas pero como una empresa privada, donde en muchas ocasiones se miente al socio colaborador, que es como se le llama al donante, se les muestran unas fotos de niños pobres con alguna carta que consigue ablandar el corazón y mientras que muchos tratan de limpiar su conciencia apadrinando un niño, en muchos casos con esfuerzo económico, los dirigentes de determinadas ONG juegan a crear otras empresas privadas ajenas al sentido de sus estatutos o a invertir en otras empresas y en bolsa.
Varias organizaciones no gubernamentales salieron a la palestra no hace mucho tiempo como estafadoras y otras con enormes cantidades de dinero desaparecido y sin aclarar destino.
Por supuesto que no diré nombres aunque son datos y hechos bien conocidos por todos, no trato de perjudicar ni de hacer un informe negativo sobre la donación, pero sí es verdad que cuesta creer en los proyectos que nos "venden" sobre las ayudas a los necesitados, es un campo donde los estafadores y los sin escrúpulos se mueven como pez en el agua, sabiendo que en el fondo el ser humano es generoso y siempre presa fácil.
Pero siempre existen personas en las que es imposible no creer y a las que los hechos y resultados a lo largo de sus vidas avalan la creencia en ellos y lo que representan.
Vicente Ferrer es un nombre conocido en todo el mundo, y sobre todo en el de los más necesitados, que llegó a la India en la década de los cincuenta y desde entonces no ha parado en devolverles la dignidad a miles, millones, de personas que la perdieron nada más nacer en circunstancias determinadas.
La vida de este buen hombre es una de las más activas en lo que se refiere al mundo de la ayuda y sus reconocimientos a nivel mundial son interminables, reconocimientos que los ha conseguido a base de mucho esfuerzo, de inagotable trabajo dedicado a lo que menos tienen. En cualquier enciclopedia que lo intenten siempre encontrarán referencias incomparables de lo que con su actitud ha aportado a los más necesitados.
El 25 de mayo de 1920 nació este misionero laico en la ciudad de Barcelona, en su juventud se afilió al Partido Obrero de Unificación Marxista y fue llamado a filas con dieciséis años, combatió en la batalla del Ebro, en la guerra civil española, y participó en la retirada del ejercito republicano hacia Francia. Allí estuvo internado en el campo de concentración de Argelés-sur-Mer, pero como no tenía delitos en su contra optó por regresar a España y fue entregado a los franquistas en Hendaya. Ya en España estuvo internado en el campo de concentración de Betanzos, en 1939. Más tarde fue liberado tras cumplir de nuevo el servicio Militar.
En 1944 ingresó en la compañía de Jesús, el mismo año en que abandonó los estudios de derecho.
Fueron 26 años los que vivió como jesuita hasta que abandonó los hábitos en 1970, el mismo año que se casó con la periodista inglesa Anne Perry y fundó el RDT, Fondo de Desarrollo Rural, y como todas las grandes empresas los comienzos no fueron muy bien acogidos por parte de los dirigentes políticos y económicos que veían en él una seria amenaza.
Pero esto no fue un obstáculo porque quienes sí estuvieron siempre de su lado fueron los campesinos indios e Indira Gandhi, que le brindó su apoyo y reconoció su labor.
En 1996 creó su propia fundación, la Fundación Vicente Ferrer, desde la que organiza toda su actividad humanitaria.
Sería imposible redactar todos los logros que ha conseguido este gran hombre para los más necesitados a lo largo de sus años en la India, en el estado de Anantapur, el lugar escogido para desarrollar su misión humanitaria y el más pobre del país.
El milagro de Anantapur es una realidad y un ejemplo para todos, para los que viven de la ayuda a otros, para los que viven de ella y para los que colaboramos con nuestras posibilidades en busca de un mundo más justo, sabiendo que existen personas que viven desinteresadamente por los necesitados.




http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

1 comentario:

  1. Hola;
    Gracias por compartir vuestra experiencia con todos nosotros. Ya se ha puesto en marcha el 4º Cibermaratón de la Fundación Vicente Ferrer y está siendo todo un éxito.

    ¡Conseguiremos erradicar la pobreza en Anantapur!
    http://www.ahoracuentastu.org
    Un saludo

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