domingo 5 de julio de 2009

Girasoles desorientados


En ocasiones, en las que escribo sobre un tema o personajes que me apasionan, me invade la sensación de que todo lo que cuente está de más, que lo que escribo ya se contó por activa y por pasiva miles de veces, como si lo redactado ya se supiera y volverlo a contar fuera cansino y repetitivo. Es el motivo principal por lo que en muchas ocasiones rodeo al personaje y a sus circunstancias, tratando de evitarlos, son tan universales que casi me resulta ridículo volver a contar lo que ya hicieron muchos otros antes e infinidad de veces, aunque lo contaran de diferente manera. Sin embargo, se presenta como si fuera una obligación contar lo que se conoce al respecto, de figuras tan ilustres, para que nunca caigan en el olvido los episodios vividos, aunque parezca mentira que esta circunstancia pudiera ocurrir al estar tan difundidos y reconocidos. De todas maneras siempre queda el regocijo de saber que, como a mí, siempre existirán admiradores que al leer encuentren un detalle, una anécdota sobre sus vidas, que les enriquezca el conocimiento que se tiene respecto a estos personajes universales. Desde luego que no existe otro campo como el de las artes que contenga y aglutine tantos personajes carismaticos, y me atrevería a decir que pocos son los pintores que no desprenden más interés por sus vidas que por sus propias obras, no se concibe un pintor famoso o reconocido sin una vida desarrollada fuera de los causes "normales" de convivencia. Decir pintor es decir sinónimo de raro, excéntrico, paranoico, rebelde... o como poco incomprendido.

Pero si este gremio, el de los artistas plásticos, es especial por sus características personales, por encima de todas estas listas de nombres sobresale el de Vincent Van Gogh, ningún otro de ninguna otra época causa tanta admiración, nunca otro desprendió o proyectó tanta curiosidad, no así por su obra como por su vida. No obstante, como ya dije en otras ocasiones, es imprescindible conocer al creador para entender su obra, es por eso que cuanto más nos familiarizamos con el personaje en cuestión más fácil nos resulta entender su trabajo y más cercano nos parece. Todo lo que muestra un cuadro es la propia personalidad de su creador, sus pinceladas, el color, el motivo... hasta la textura o cantidad de pintura empleada en el desarrollo de la obra dice del carácter y manera de ser, de sus inquietudes, de sus deseos, temores, anhelos, y si me apuran podrán encontrar entre sus pinceladas el estado anímico en el que se encontraba aquella tarde, o mañana, escogida para plasmar lo que tantos ojos y generaciones admiraron o admirarán colgado de una pared. La obra de Van Gogh es tan honesta, tan clara, que cuando se mira algunas de sus obras nos sobrecoge, transmite ternura, frescura, alegría, pero también inquietudes, mucha indecisión y una alocada o agitada personalidad, y fatal inseguridad, que lo llevó a los anaqueles de los elegidos sin proponérselo...¿o quizás sí? Habría que analizar si su empecinamiento en llamar la atención no era producto de su necesidad de gloria, no precisamente por su ego si no por generosidad hacia su hermano Theo, cuatro años menor que él, el principal responsable de que hoy podamos disfrutar de su obra, cerca de 9oo pinturas y 1600 dibujos en menos de 10 años, 27 de ellos autoretratos y 148 acuarelas.

Mi amiga Eva Cano me regaló un libro hace algunos años, "Cartas a Theo", que guardo como oro en paño. Éramos vecinos de taller hace algunos años en la Plaza de la Corredera, en Córdoba, y fueron muchas las horas que departíamos hablando de pintura, de arte en general, de creadores, de estilos, de técnicas. Había recién terminado Bellas Artes en Sevilla, y comenzaba a desarrollar todos los conocimientos durante años de aprendizaje, que no eran pocos; yo, en cambio, ya llevaba algunos años dedicándome a la pintura desde mi pasión autodidacta y tengo que reconocer lo mucho que aprendí de ella en técnicas y nuevos conceptos pictóricos. Su pintura tenía un cierto parentesco con Van Gogh, en su informal manera de desarrollarla, pero nada tenía en común con la personalidad del "loco del pelo rojo", era su admiración, la atracción que sentía hacia su obra Postimpresionista o Neoimpresionista. De las casi 800 cartas que Vincent le escribió a su hermano Theo se editó este libro que recoge parte de esas misivas, donde se puede apreciar la personalidad del genial pintor. Hace algunos años que lo leí y, aunque mi memoria no es un arma infalible, me quedo más con las sensaciones transmitidas que con los detalles que recogen sus páginas. Leyéndolo aprendí a entender su trabajo, a admirarlo, a apreciarlo como persona. Lo que en un principio pudiera aparentar ser un tipo problemático, casi peligroso y en cierto modo demente, en sus cartas se descubre a un ser sentimental, cariñoso y tremendamente humano.

Vincent Willen van Gogh era el mayor de seis hermanos y nació en GrootZundert, Holanda, el 30 de marzo de 1853. Hijo de un humilde pastor protestante, Theodorus, y Anna, perteneciente a una importante familia de encuadernadores. No fue buen estudiante y acudía a la escuela de manera discontinua e irregular, allí fue donde se aficionó a la pintura antes de abandonarla a los 15 años. Sus maestros parece que no acertaron en sus predicciones, algunos le dijeron que nunca llegaría a ser un buen pintor profesional porque, pese a su afición a los dibujos, no sabía pintar, pero por suerte sus pronósticos cayeron en saco roto y gracias a su tesón por superarse les quitó la razón. Con 16 años comenzó a trabajar en La Haya, en la galería Goupil & Co. y que más tarde pasaría a llamarse Boussod & Valadon, que fundó su tío. Vicent comienza interesarse por los paisajes de la escuela de La Haya. En 1873 se traslada a Londres a la sucursal de la misma compañía hasta 1875, fecha en la que cambia de ciudad y de país, no así de compañía, pero en París no fue duradera la estancia, su inadaptación al negocio y la interposición de sus gustos sobre las ventas ocasionó su despido y en 1876 regresó a Londres, donde su hermano Theo trabajaba en la misma galería y sucursal que él trabajó anteriormente, desde 1873. En esos dos años en Inglaterra quiso hacerse teólogo entusiasmado por la Biblia y decidió estudiar en la Universidad de Leiden. Su deseo en demostrar su profunda creencia en la religión cristiana le lleva a solicitar el envío de misionero en varias compañías, pero su desconocimiento del latín y del griego fue el principal motivo para su rechazo. Sin embargo, fue tan profundo el fervor que demostraba que encontró apoyo en su padre, que consiguió que lo enviaran como misionero a las minas de Borinage, en Bélgica, durante seis meses de prueba. En aquellos casi tres años que ejerció de misionero dio a los mineros todo lo que tenía, ropa, dinero, comida... rechazó todas sus pertenencias para vivir como sus fieles. Pero, debido a la abstracción por la religión, los mineros comenzaron a temerle, decía que para soportar tantas desgracias estaba obligado a creer en dios. También en ese tiempo comienza a pintar sus primeros cuadros.

Aún así, su vocación religiosa comenzó a mitigar y a florecer con más fuerza la pintura. Primero en Bruselas, donde comienza sus estudios de anatomía y perspectiva, y después en la Haya, donde convive con una prostituta madre de un hijo llamada Sien Hoornik. En esa época comienza a pintar como su admirada escuela de La Haya y en sus lienzos empiezan a florecer paisajes de tonos oscuros, la relación con Sien se agota y decide irse a vivir a la casa paterna, en Nuenen. En esos dos años Vincent pinta a los campesinos en sus labores y algunas naturalezas muertas, pero no olvida sus paisajes. Muere su padre y sufre un duro golpe y al poco tiempo pinta lo que se considera su primera gran obra, "Los Comedores de Patatas", un lienzo que da comienzo a la llamada pintura realista, la que muestra la miseria en la que viven los campesinos. En 1885 es Rubens el que consigue atraer su admiración por los retablos de la catedral de Amberes y un año más tarde se muda a París, para vivir junto a su hermano Theo, para continuar aprendiendo en sus aspiraciones artísticas y entra en contacto con los impresionistas, lo que produce en Vincent una paleta de colores más luminosa. Gracias a los contactos profesionales de Theo empieza a codearse con los artistas de la época, Émile Bernard, Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Seurat, Signac, Guillaumin, Pissarro, Cézanne...

En 1888 llegó a Arles, al sur de Francia, y sus primeros personajes que pinta son al cartero y a su familia, su mujer y sus tres hijos. En Arles alquila una casa donde tiene intención de crear un taller de artistas, la llamada casa amarilla, su color favorito, quizás por ese motivo la alquiló; cuentan que le atraía tanto el color amarillo que en sus últimos días llegó a comer pintura de dicho color. Vincent sentía admiración por Gauguin y este por Van Gogh, fue el motivo por el que el francés aceptó la invitación para irse a vivir a la casa amarilla, a petición de Theo y proposición de Vincent. Pasaron una temporada juntos y pintaban y discutían de arte, pero los trastornos mentales de Van Gogh, sus caracteres y el alcohol propició un empeoramiento en la relación. Un episodio muy conocido del loco del pelo rojo es aquél en que se corta la oreja, según los biógrafos aquel día tuvieron una fuerte discusión hasta el punto de que Vincent amenazó con una navaja de afeitar a Gauguin, arrepentido llegó a la casa amarilla y se cortó el lóbulo de la oreja izquierda y se lo llevó a Rachel, una prostituta de su burdel favorito, para que se lo diera a Gauguin en señal de arrepentimiento. Regresó a la casa amarilla y allí se desmayó, alertada la policía lo envió al hospital de Arles, al tiempo que Gauguin abandonó la casa amarilla y nunca más volvieron a tener contacto, exceptuando unas cartas posteriores. Hay otra versión que apunta que en realidad la pérdida del lóbulo fue debido a una disputa entre los dos y que fue Gauguin el que le produjo la herida, pero la versión oficial, ofrecida por Gauguin a la policía es la que se tiene por valida. No obstante, en un estudio forense practicado a Van Gogh en una reciente exhumación indica que la herida no pudo deberse a una automutilación, lo que echa más leña al fuego de la intriga.

Gauguin le envió un telegrama a Theo y fue a visitar a su hermano a Arles, donde se recuperaba, cuando lo hizo y volvió a la casa amarilla encontró sus cuadros cubiertos de moho y rasgados y continuó asistiendo al hospital para las curas de la herida. Al año siguiente Vincent sufrió una alucinación en la que creía que lo estaban envenenando y esta crisis le hizo ingresar 10 días más en el hospital, para más tarde regresar a su casa. Pero algunos días después los vecinos solicitaron a la policía que se lo llevaran de nuevo al hospital y esta vez fueron 6 semanas lo que allí permaneció. Finalmente fue él el que decidió internarse en un manicomio, en un ex monasterio a 30 kilómetros de Arles, al tiempo que su hermano se casaba con Johanna Bonger en Ámsterdam. Los últimos años de Van Gogh estuvieron marcados por sus constantes problemas mentales, problemas que lo llevaron, a petición propia a ser internado en sanatorios mentales, entre ellos el manicomio de Saint-Rémy, donde se le habilitó una habitación para que siguiera pintando, donde emprendió una frenética carrera artística inspirado en Rembrandt. En 1890, un doctor amigo de Theo, y coleccionista de arte, Paul Gachet, le invita a distintas consultas, pero la economía de Vincent no existe, y le ofrece pagarle a cambio de un retrato. Sobre este retrato sí existe una anécdota que no sé que de verídica tiene, pero cuentan que el cuadro se lo llevó el doctor a su madre, una anciana mujer, y cuando fue a visitarla en la siguiente ocasión le preguntó por el cuadro que no veía por la casa, le preguntó por su paradero y la madre le dijo que le había encontrado un lugar en el corral y, sorprendido, cuando fue a buscarlo lo encontró en el gallinero cubriendo un agujero para que no escaparan las gallinas.

Durante los últimos treinta meses de vida pintó al rededor de 500 obras y en sus últimos 69 días fueron 79 los cuadros que firmó. Su hermano Theo era el que lo sostenía económicamente, al que decía que se estaban vendiendo bien sus cuadros, tratando de animarle, hasta que un día, en una visita que le hizo a su casa, escuchó una conversación con su mujer, su cuñada, en la que discutían por su mala situación económica y laboral. Su cuñada le reprocha a su hermano que no le ayude más a Vincent, que no puede comprarle todos los cuadros y sin poder venderlos. Los cuadros de Vincent no se vendían pero su hermano lo tenía engañado. Pasados los días, durante la noche del 27 de julio de 1890, Van Gogh caminó hacia un campo y se pegó un tiro en el pecho, a pesar de la herida se arrastró hacia la posada Ravoux, donde se hospedaba, y murió dos días después a los 37 años, en brazos de su hermano Theo, con el que pasó los dos últimos días fumando en pipa y conversando. Mi amiga Eva me contaba que, en el museo Van Gogh, en Ámsterdam, le dijeron que cuando murió Vincent, su cuñada, que nunca mostró simpatía por él, le dijo a Theo que era el momento de vender los cuadros, cuando comenzaron a interesarse por ellos los coleccionistas, pero Theo se negó en rotundo, pese a su mala situación económica, decía que los cuadros de su hermano eran lo único que tenía, que eran su vida. Theo murió seis meses después que Vincent, su mala salud y el suicidio de su hermano le provocaron un colapso mental que lo llevaron a la sepultura, la que se encuentra junto a la de su hermano en el cementerio de Auvers-sur-Oise. Paradójicamente la cuñada fue la heredera de toda la obra de Vincent Van Gogh.









http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

lunes 29 de junio de 2009

Amanecer republicano


Hace varios días me encontré con una noticia en distintos diarios españoles que me atrajo sobremanera. La noticia se reproducía casi calcada y sólo algunos y diferentes detalles en la redacción las diferenciaba, me sedujo más la que escribía Rafael Villegas, en Público.es. Pero cuando la veracidad es primordial en la información el medio es lo de menos y en este caso coincidían todos en la importancia que tenía el hallazgo de la cinta cinematográfica en Priego de Córdoba, un hermoso pueblo al sur de la provincia y que fue cuna del primer presidente, provisional, de la II república D. Niceto Alcalá-Zamora. Nació en esta localidad en 1877 y presidió el país hasta dos meses antes del levantamiento militar que arrancó de cuajo los sueños de libertad y progreso de la mayoría de los españoles, en julio de 1936. El amanecer de una nueva era en España, que es como se titula la película encontrada, recoge momentos de esos días tan importantes para la historia de España, pero además del contenido, un documento cinematográfico único, se valora la calidad visual y sonora que conserva después de 73 años escondida en la casa del alcalde de Priego, amigo de Alcalá-Zamora, D. Francisco Adame. Un verdadero milagro si pensamos que el nitrato de 35 milímetros, material con el que está hecha la cinta, es altamente inflamable, y que estaba escondida en el tercer piso de la vivienda, detrás de un armario y bajo la azotea, donde en verano el termómetro marca pasados los 40º.

La familia tenía constancia de la existencia de la cinta, pero nunca pudieron encontrarla, ni siquiera los falangistas que registraron la casa varias veces dieron con ella, lo que le obligó a cambiarla de escondrijo. Cuando la sublevación nacional el ex-presidente Alcalá-Zamora se encontraba fuera del país y su amigo y alcalde se encargó de proteger algunas de sus pertenencias importantes para el gobernante prieguense, entre ellas estaba la película, en una caja metálica donde figura en su exterior la tricolor republicana y una inscripción que daba cuenta del contenido, "Noticiario Fox Movietone dedicado al gobierno provisional de la República, junio de 1931". La Fox Movietone fue el primer noticiario hablado y eran ofrecidos como un cortometraje anterior a las películas. La cinta ha sido digitalizada y su divulgación por parte del Patronato Niceto Alcalá-Zamora pretende dar a conocer y difundir la labor del ex-presidente republicano español. La cinta se encontró por casualidad, hace unos meses cuando se llevaban a cabo unas obras en el edificio salió a la luz, para mostrarnos la realidad de aquellos días, porque si algunas imágenes de las que recoge el documento cinematográfico ya eran conocidas, lo eran desde ángulos distintos, otras son inéditas al igual que los sonidos emitidos.

La película recoge los ilusionantes días del comienzo de la II República, la alegría desbordada de los ciudadanos y el orden y pacifismo con que se llevó la revolución. Las imágenes del 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la II República, en la Puerta del Sol de Madrid; un discurso de Alcalá-Zamora como presidente; el recibimiento al piloto Ramón Franco, hermano del futuro dictador, desterrado en Francia; homenaje de los socialistas en el cementerio de Madrid a Pablo Iglesias con discurso de Indalecio Prieto; también Indalecio Prieto en imágenes de la celebración del 1 de mayo, junto a Miguel de Unamuno, Francisco Largo Caballero, algunas palabras del por entonces embajador de España en Washington, Salvador de Madariaga, desde el balcón de la Puerta del Sol; la quema de conventos en Madrid del 11 de mayo de 1931; y la presentación del nuevo himno republicano en un acto musical en la plaza de toros de Madrid. De igual manera el film muestra los cambios que se llevan a cabo y que acontecen en España bajo el gobierno de la República y proyecta el acontecimiento de la toma de posesión de Victoria Kent como Directora General de Prisiones, bajo el titulo "Una gran victoria del feminismo en España", con intervenciones de Fernando de los Ríos y de la propia Victoria Kent.

No cabe duda que la figura de Victoria Kent es atractiva para cualquier historiador, una mujer que comenzó a romper barreras en lo social y lo político, en una época en la que las mujeres apenas tenían intervención en la vida pública española. La película hallada da pie para muchos temas, de distinta índole, la cinta recoge acontecimientos que para los españoles son de enorme importancia y podría derivarnos por muchos caminos, aunque siempre acabarían por desembocar en la contienda militar que provocaron los fascistas Hitler y Mussolini, apoyando a un grupo de militares también fascistas y que arrastraron al enfrentamiento civil a ciudadanos del mismo país, del mismo pueblo, de la misma familia. Sin embargo, de todo cuanto recoge la cinta, me llama poderosamente la atención la figura de Victoria Kent, controvertida, incomprensible cuando descubrimos que a pesar de sus convicciones democráticas y feministas se opuso a la concesión del derecho de voto a las mujeres, ella creía que lo emplearían en un sentido conservador; este pensamiento hoy nos resulta incomprensible, incluso si todas las mujeres del mundo votaran a los conservadores, estarían en pleno derecho al voto. No obstante, por aquellos días la iglesia influía más en las mujeres que en los hombres, en la educación, en las costumbres, como ejemplo está "La casa de Bernarda Alba", de Federico García Lorca; aún así también se podría pensar que el marido de cada una influiría más que la propia iglesia. La cuestión es que esta convicción le hizo mantener una polémica al respecto con otra representante feminista en las cortes republicanas, Clara Campoamor, curiosamente feminista y socialista al igual que victoria.

Victoria nació en Málaga, el 3 de marzo de 1892, y realizó sus estudios elementales en su propia casa, con profesores particulares, más tarde continúa en la Escuela Normal de Maestras. En 1917 cambia Málaga por Madrid y asiste al Instituto Cisneros a estudiar el Bachillerato; más tarde entra en la Facultad de Derecho de la Universidad Central en 1920, y cursa la carrera como alumna no oficial hasta junio de 1924, cuando se licencia. Desde que llegó a Madrid se alojó en la Residencia de Señoritas, dirigida por Dña. María de Maeztu, y se pagó sus estudios dando clases particulares y en la Escuela de Enseñanza Secundaria, también dirigida por Maeztu. En enero de 1925 entró en el Colegio de Abogados y aunque parece ser que no tenía mucho interés en ejercer su profesión, el 1 de mayo del mismo año lleva a cabo su primera intervención como abogada defensora. Pero su protagonismo en un hecho inaudito hasta entonces es lo que la pone, en 1930, en las portadas de los periódicos nacionales y extranjeros. Fue nombrada letrada de D. Álvaro Albornoz, miembro del Comité Revolucionario Republicano, defendiéndolo ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina. Fue la primera mujer en el mundo en intervenir ante un consejo de guerra y consiguió la absolución de su defendido.

En 1931 se presentó a las elecciones y fue elegida diputada por las Cortes Constituyentes de Madrid, el presidente de la República D. Niceto Alcalá-Zamora la designó personalmente Directora General de Prisiones y se mantuvo en el cargo hasta 1934. Su labor al frente de prisiones fue bajo el criterio de que las sociedades están obligadas a recuperar al delincuente como persona activa; estableció permisos para los presos; cerró 114 centros penitenciarios por estar en malas condiciones; creó la cárcel de mujeres de Las Ventas; y eliminó el uso de grilletes y cadenas en los prisioneros. Con todo el metal mandó modelar una estatua dedicada a la figura de Concepción Arenal, su predecesora y de quien continuó la labor emprendida. Su trabajo al frente y como responsable de prisiones fue importantísimo para el sistema penitenciario en España. A pesar de no tener un carácter agradable ni especialmente locuaz, si era muy trabajadora, clara, decidida y tajante, lo que le recompensó volver a salir elegida en las siguientes elecciones de 1936, pero la guerra estaba a la vuelta de la esquina.

Cuando estalló la guerra el gobierno le encargó otra ocupación distinta, la de Primer Secretario de la Embajada de España en París y desde allí fue encargada de buscar asilo a los niños exiliados en Francia. En la II guerra Mundial ayuda en la salida de los refugiados españoles hacia América, pero paradójicamente ella quedó atrapada y no pudo salir, lo que le hizo permanecer en la capital francesa escondida durante los cuatro años de ocupación nazi. Terminó la guerra y se instaló en México, donde fue nombrada Directora de la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones, hasta 1950, año que se traslada a Nueva York y entra a formar parte de la Sección de Defensa Social de las Naciones Unidas. Cuatro años más tarde funda la revista Ibérica, donde recoge todas las noticias llegadas desde España, dirigida a los exiliados españoles en Estados Unidos. Sólo en una ocasión regresó a España, fue en 1977, dos años después de la muerte del dictador y 10 años antes de que nos dejara para siempre.






video


http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

jueves 25 de junio de 2009

Jarabo, asesino y caballero español


Aquella mañana fría de Madrid era distintas a todas, ya sé que ninguna mañana se parece a otra, pero la del jueves 29 de enero de 1959 era especial, se iniciaba en el Palacio de Justicia el juicio contra José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Moris, sobrino del que por aquellos días era presidente del Tribunal Supremo, Francisco Ruiz Jarabo, y quien más tarde y pasados los años sería Ministro de Justicia. En el ambiente de la ciudad flotaba el aroma a festivo, personajes famosos como Zori o Sara Montiel, un torero de renombre y mujeres, muchas mujeres, entre ellas esposas de altos funcionarios de la administración franquista, acudían a la sala como si de un espectáculo se tratara; como dice el diario El País, fuente de información para este artículo, sólo faltaba la orquesta de Bernard Hilda para que aquello fueran las tardes del Ritz. La entrada de Jarabo fue impresionante, la sala de la sección quinta se convirtió en un murmullo cuando apareció en ella el protagonista, con paso firme, decidido y dedicando sonrisas a las presentes, que extasiadas le admiraban con traje de estreno y a medida, al igual que los otros cuatro trajes que estrenaría en los cuatro días siguientes hasta terminar el juicio. "Una ocasión como ésta bien merece estrenar un traje", dicen que dijo, sin que influyera en su actitud las cuatro penas de muerte que le pedían por otros tantos asesinatos.

Ni siquiera el acusado esperaba menos de lo que le pusieron como condena, una pena de muerte por víctima, De nada le valió que su tío presidiera el Supremo, ni las amistades influyentes de la dictadura. Cuentan que Franco no dudó y dio el visto bueno para la ejecución; como si lo de firmar penas de muerte le fuera a causar algún problema de conciencia al dictador, cuando de todos es sabido que no había cosa que le gustara más he hiciese más feliz que firmar ejecuciones mientras rezaba el rosario. Pero tratándose de quien se trataba, un personaje del régimen, es muy probable que se lo pensara dos veces antes de decidirse, claro que las muertes de las dos mujeres pesaban demasiado en la opinión pública para dictar lo contrario y todo el país estaba a la espera de la resolución judicial. El verdugo de la Audiencia Nacional, Antonio, tenía en su haber una larga experiencia al mando del garrote vil y fue el encargado de dar muerte al último reo por este procedimiento tan sádico, a la última víctima de tal artilugio siniestro. Era el número 18 en su historial, uno se pregunta si Antonio, el Verdugo, podría dormir... tranquilo o no, o si su conciencia pasaría por alto sobre aquellas "muertes oficiales", si no daría mayor importancia que la que le da un albañil cuando coloca ladrillos o un mecánico que aprieta una tuerca. Daniel Sueiro se haría estas mismas preguntas que muchos nos hacemos, y supongo que muchas más, para decidirse a escribir un libro sobre el tema, tan morboso como siniestro; Los verdugos españoles recoge una conversación que el escritor mantuvo con Antonio: "Era un jabato así de alto, 105 kilos pesaba. No paró de beber whisky y fumar, y en toda la noche se quitó la corbata. Y le tuve que decir al director de la cárcel cuando llegó la hora que se la quitara porque si no el garrote no iba a funcionar. Llevaba una colonia que debía de valer un dineral. A las cinco oyó misa y comulgó. Y se puso los dientes de oro y todo sabiendo que iba a morir".

Algo tuvo que suceder para que se dejara de utilizar el garrote vil para los condenados a muerte, se pregunta uno, y efectivamente pasó; de nada le sirvió toda la experiencia acumulada al bueno de Antonio para que la ejecución se convirtiera en un cruel espectáculo, una carnicería que no pudo evitar con aquel cuello de toro. Las dos vueltas al tornillo del garrote que Antonio dio no fueron suficientes y Jarabo continuaba vivo, fueron veinte minutos los que tardó el médico en certificar la defunción del condenado. La dantesca escena causó tanta impresión entre los presentes que se creó una comisión de médicos para realizar un estudio sobre el uso del garrote, dicho con otras palabras, para tratar de eliminar tan cruel ejecución. Tratándose de quien se trataba se temía que el ejecutado no fuera el sobrino del presidente del Supremo y se corrió la voz de que en su lugar iban a enterrar a un gitano también condenado a pena de muerte, y así librar a Jarabo de la pena capital. El féretro fue llevado hasta el cementerio con la escolta de coches policiales y un comisario oyó como un chofer comentaba el rumor del posible cambio de reo. Cuentan que el comisario agarró al chofer por el brazo, y poniéndole el frío metal del cañón de su pistola en la sien le obligó a abrir el féretro, cuando lo hizo le dijo el comisario: ¿Es o no es Jarabo, rojo de mierda?

Jarabo fue un chico de buena familia, un alumno del colegio del Pilar de Madrid, de donde saldrían tantos Ministros, directores generales y prebostes, siempre fue mimado por su madre. En 1940, recién cumplidos los 17 años se trasladó con su familia a Puerto Rico, abandonó sus estudios y se tiró a la vida de golfo y holgazán. Con 20 años contrajo una neurosífilis y pocas semanas después se casó con una rica heredera. Pero Jarabo no estaba hecho para el matrimonio, se divorció pronto y se trasladó a Nueva York. Su delictiva vida se desarrolló como un relámpago y al poco tiempo fue condenado por tráfico de drogas y de pornografía, lo que le costaron cuatro años de cárcel. El 20 de mayo de 1950 aterrizó en Madrid con 10 millones de pesetas, que su madre le dio para que se estableciera en la capital española y comenzara una nueva vida, pero las vivencias y experiencias adquiridas en el mundo del hampa, de las drogas y la prostitución, le convirtieron en el rey de Madrid. Sin embargo, el ritmo de vida de Jarabo no permitió conservar el dinero que su madre le dio más de 2 años. Madrid era entonces una pequeña ciudad y personajes como él no pasaban desapercibidos, sus trajes a medida, sus coches de lujo, su aspecto de galán de cine, simpático, de exquisito trato, alto, fuerte y con una insaciable sexualidad, fueron ingredientes más que suficientes como para que las mujeres se lo rifaran.

Cuentan de él que en muchas ocasiones salió en defensa de quienes lo necesitaban, como en la que un día, tomándose un negroni en Parsifal, frente al estadio Bernabeu, vio como tres tipos adinerados se burlaban de un hombre mayor que acompañaba a una joven y guapa muchacha, se fue hacia ellos, los sacó del local y fue tal la paliza que le dio a los tres que aún hoy se recuerda. De todas maneras no era extraño que a menudo se viera envuelto en peleas, casi siempre con faldas de por medio, la agresividad que despertaba en él el alcohol era la causante de sus problemas, sus dos debilidades, el alcohol y las mujeres, y el honor por una de ellas le llevó hasta la pena de muerte. Beryl Martin Jones era inglesa y había llegado a Madrid pensando en unas vacaciones, buscando tranquilidad y tratando de reflexionar sobre su matrimonio que se encontraba en crisis, a su marido, francés, lo dejó en Lyón. Era el comienzo del verano de 1957 y por su camino se cruzó Jarabo, el peor antídoto para sus males sentimentales, no tardó en caer en los brazos del seductor y de enamorarse, un verano idílico. Cosa que parece fue recíproca porque la relación con Beryl fue más duradera de lo que era normal en la vida de Jarabo.

Pero al latin lover se le complicó la economía, se quedó sin dinero y un envío de cocaína que esperaba no terminaba por llegar, una de su principal fuente de ingresos; las 7.500 pesetas mensuales que su madre le enviaba era una insignificancia comparado con sus gastos, y el galán puso sus ojos en el anillo que su amada llevaba, un hermoso solitario de oro con un brillante que costaba de 50.000 pesetas para arriba. Pensó en Jusfer, una tienda de compraventa que en realidad era una casa de empeños, si querían recuperar lo empeñado tendrían que hacerlo rápido o de lo contrario lo venderían a un tercero. Jarabo dedujo que mientras le llegaban los ingresos por la cocaína sería bueno el dinero que le ofrecieran, pero se quedaron petrificados cuando lo que le daban por la joya no pasaba de 4.000 pesetas, no les quedó más remedio que aceptar y así lo hicieron. Llegó el frío de Madrid y Beryk cayó enferma, su marido vino a Madrid y la convenció para regresar a Lyón y pasar las navidades en la ciudad francesa. Nunca más volvieron a verse. Beryl le escribía con regularidad y en una de esas cartas le recordó el anillo, Jarabo ya casi se había olvidado de él y volvió a Jusfer con la intención de recuperar la joya. Pero la respuesta de uno de los usureros, Emilio, fue que la joya era de Beryl y que era ella quien tenía que recuperarla. Jarabo le dijo que estaba en Lyón y que si le servía una carta en la que la reclamaba, aceptó el prestamista y cuando regresó con la misiva encontró otro contratiempo, tenía que entregar el 250 por ciento de lo que le habían dado, pero Jarabo no disponía de ese dinero, así que acordaron dejar la carta en la caja fuerte hasta que tuviera dinero para recuperar el anillo. Pasó algo más de tiempo y cuando fue con el dinero acordado los prestamistas le exigieron más dinero, el doble de lo acordado. Ahí quedó la negociación, cuando abandonó la tienda lo hizo con la idea concebida de cómo recuperar la joya y la carta.

Le compró una pistola a un sereno del Paseo de la Habana, una FN calibre 7,65 mm, haciéndose pasar por un teniente coronel de Aviación coleccionista de armas. Pasadas varias semanas llamó a los prestamistas en vísperas del 18 de julio, fecha del Alzamiento Nacional, el día que Franco celebraba la instauración de la dictadura fascista, les dijo a Emilio y Félix que tenía dinero suficiente para recuperar la joya y que se pasaría el día sábado 19 a las 8´30. Jarabo gustaba de acudir a los acontecimientos vestido de punta en blanco y de los más de veinte trajes que tenía escogió su favorito. Las estrecheces económicas le habían alejado de los buenos hoteles y por entonces se hospedaba en la pensión Escosura, y trajeado salió de la pensión, nunca pensó en acudir a la tienda si no a casa de Emilio, que vivía a una cuadra del negocio. Los serenos cerraban los portales a las diez y Jarabo llegó unos minutos antes, abrió la puerta del ascensor con los codos y con los nudillos de los dedos pulsó los botones para no dejar huellas, lo tenía todo planeado. Llamó al timbre y le abrió Paulina, la criada, y le hizo pasar al salón comedor, cuando Emilio le vio allí se enfado porque no era lugar para los tratos y le dijo que se marchara. Jarabo se dirigió hacia la salida y abrió y cerró la puerta como para que creyera que se había marchado, pero pasados unos segundos, y sin que se advirtiera del peligro, en el cuarto de baño el prestamista notó en su nuca el arma que fatalmente disparó el latin lover. Pero Paulina, que estaba en la cocina pelando judías verdes en la cocina, al escuchar el disparo comenzó a gritar y ante la complicación que se presentaba, Jarabo le clavó el cuchillo que usaba en el corazón. A los pocos minutos llegó la mujer de Emilio, María de los Desamparados, que estaba embarazada, Jarabo se hizo pasar por inspector de hacienda y le dijo que su marido había ido a la tienda acompañado de otros inspectores para hacer unas comprobaciones, pero las manchas de sangre en su traje le delataron y acabó con ella de otro certero disparo.

Aquella noche decidió quedarse en el piso junto a las tres víctimas, tomando coñac y esnifando cocaína, y en la mañana del domingo salió a la calle con una maleta, donde guardó el traje y algunas piezas de valor, se fue a su pensión y allí quedó durmiendo todo el día. El lunes a primera hora, llegó a la tienda y entró con las llaves que le quitó a Emilio por la puerta trasera, cuando llegó Félix se encontró con su asesino y de dos disparos acabó con su vida. Pero después de todos los crímenes no pudo recuperar lo que pretendía, no encontró las llaves y no pudo abrir la caja fuerte. Cuando descubrieron los cadáveres él estaba en la tintorería con su traje favorito, al que había llevado a limpiar, pero aunque él dijo que la sangre se debía a una pelea, los tintoreros no pensarían igual y llamaron a la policía. Cuando fueron a detenerlo no opuso resistencia alguna, como un caballero se entregó y mientras declaraba los asesinatos pidió que subieran comida del Lhardy para todos y una botella de coñac francés; y para él una inyección de morfina.








http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

domingo 21 de junio de 2009

La Camelia, Maharajaní de Kapurthala

Pocas veces una historia tan real me pareció un cuento tan romántico como la vida de Anita Delgado. Hace varios años, pocos, dos, tres... no sé en concreto cuantos ni tampoco importa mucho el detalle, escuché en la radio la presentación de un libro sobre la historia de esta malagueña que fue rani de Kapurthala, hasta entonces desconocía de su existencia. No todos los días una malagueña es reina y si se trata de un reino exótico como el de Kapurthala más atractiva se presenta la ocasión. En su tiempo, por los albores del siglo pasado, fue un acontecimiento único, de tal envergadura social como lo puedan ser hoy los Beckam, o como lo pudieron ser los Grimaldi, Raniero y Grace, en la década de los 50. Tanta sensación causó que aún por los años de mi niñez se oía decir popularmente frases tan expresivas como: vive como un maharajá; u otras como: búscate un novio maharajá. Estas expresiones no tendrían nada de extraño o anormal a no ser porque quienes las decían eran gentes del pueblo, en su mayoría ignorantes del propio significado y que asociaban esta palabra tan inusual, para los campesinos de Andalucía u otros rincones de España, con reyes, opulencia y riquezas en todo su esplendor. Aquella unión entre la malagueña Anita y el maharajá Jegait Singh fue tan popular que llegó a todos los rincones de la empobrecida España de principio del siglo XX y, como frases hechas, se fueron alargando por el tiempo hasta hacerse propiedad de la expresión popular, aún después de haber desaparecido sus protagonistas.

Que un personaje tan poderoso económicamente y de tanta influencia como Jegait Singh se enamore de una casi analfabeta bailarina de flamenco o danza española, como lo era Anita, es un hecho increíble, y bien podría tratarse de una historia disneylandesca a no ser porque los acontecimientos históricos así lo reflejan. Existen uniones como la anteriormente mencionada de Grace y Raniero o, la más actualizada versión, entre Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, que pudieran servir de precedentes, ambos príncipes y ellas de procederes tan distintos como las artes escénicas o el periodismo, pero aún así las dos profesiones son validas y complementarias con sus reales trabajos, los de relaciones públicas. No obstante, resultan incomparables por la cultura y preparación académica o profesional entre ambas, Letizia y Grace estuvieron desarrollando una carrera, preparándose con un fin distinto pero a la larga compatible con lo que la providencia les brindó; en cambio, Anita, se hizo reina por su gracia andaluza, belleza de la época y dotes para la danza.

Cuando me recreo en sus facciones, en su rostro, obligatoriamente me tengo que desviar y dejar correr la imaginación, para entender qué algunas otras cualidades que no reflejan las fotografías tuvieron que influir de tan significante manera, para que el maharajá se perdiera locamente por la graciosa bailarina que danzaba ajena a su futuro inmediato en el escenario del Central-Kursaal. Habría que empezar por la mencionada belleza de la época, todo lo contrario que en nuestros días, las curvas y redondeces de un cuerpo rellenito era sinónimo de belleza y atractivo, sus rasgos agitanados y su cabello negro, al igual que su tez morena, eran ingredientes más que suficientes para el gusto de un hindú, que aún sin ser de su raza sí la acercaba, eso sí, con un toque exótico para él. Lo de su preparación intelectual... la verdad es que de poco debe interesar cuando no lo es necesaria, estaba claro que al maharajá le atrajo sobremanera su atractivo, superior a su preparación. Supongo que, aunque lo pensara, no supuso un obstáculo para sus pretensiones con Anita, y si no se dio cuenta de su discreta o mínima preparación hasta no recibirla en Kapurthala, tampoco creo que tardara mucho en convencerse de que no supondría un trauma insuperable... ya conocemos el concepto que sobre las mujeres tenían y tienen algunas culturas machistas, donde los harenes son como quien tiene en su casa o palacio una sala con mesa de billar y donde las bolas son imprescindibles pero siempre sustituibles por otras que no alteran las reglas del propio juego.

Ni por asomo, no así por sueños, se imaginaría Anita lo que el futuro le deparaba, cuando bailoteaba con su hermana Victoria en el café La Castaña, que sus padres Ángel Delgado y Candelaria Briones regentaban. La luz mediterránea de Málaga parece que tiene hechizo, y no lo digo por brujería si no más bien por lo de personajes interesantes que ha dado al mundo, Anita vio esa luz única a orillas del Mare Nostrum en la calle Peña, el 8 de febrero de 1890. Junto con su hermana comenzaron desde muy pronto a asistir a clases de interpretación, que más que eso se me antoja que serían clases de baile andaluz o aflamencado, o danza española. Existen muchas versiones en pequeños detalles sobre su biografía pero si nos trasladamos a la realidad de una ciudad provinciana y, como el resto del país, sumergida en una situación económica deplorable, cuesta lo de "interpretación", esto va más con nuestros días pero inimaginable por aquellos tiempos, donde las tabernas y ventas eran los sitios especializados en el arte, luego de alguna representación esporádica... una academia de clases de interpretación por aquellos días me la imagino en ciudades de primer orden, Madrid, Barcelona, Valencia... pero todo es posible, incluido lo de la interpretación. Fuese de la manera que fuese tuvieron pronto que abandonar sus clases interpretativas y emigrar a Madrid, la mala situación económica de sus padres, que tuvieron que dejar el café, y la muerte de su abuela pocos meses después fueron los detonantes para decidirse por el traslado a la capital de España.

Aunque la venta de la casa de su abuela les supuso algo de dinero no solucionó los problemas de precariedad que se presentarían de nuevo, su padre no trabajaba y ellas, las niñas Anita y Victoria, aprendían baile en las clases que una vecina les daba gratis, no tenían dinero para pagarlas, pero aquella mujer vería algo que le motivaría lo suficiente como para no importarle y continuar enseñándolas gratis. Dicen que las cosas "sólo tienen que estar malas para que cambien a mejor", claro, hay momentos en los que ya no pueden estar peores y eso parece que fue lo que les sucedió, un golpe de suerte les cambió la vida a toda la familia cuando unos empresarios que buscaban caras nuevas las contrataron para bailar a razón de 30 reales por noche y, a las pocas semanas debutaron de teloneras de los artistas del Central-Kursaal, con el nombre de Las Hermanas Camelias. El café-concierto Central-Kursaal no era un sitio cualquiera, en él se reunía lo más granado de los intelectuales y artistas de la época, Julio Romero de Torres y Ricardo Baroja eran dos pintores asiduos y no perdieron el tiempo en pedirles que posaran para ellos, pero Anita, que tenía 16 años por entonces, no aceptó, todo lo contrario que su hermana Victoria, que se dejó retratar por los dos maestros de la pintura.

Uno siempre puede pensar cualquier cosa ante coincidencias como ésta y creer o no que la providencia sólo es una oportunista que se aprovecha de las casualidades, pero creíble o no la fortuna se había decidido a agasajar a la joven y guapa malagueña. Eran días históricos los que marcaba el calendario, el rey Alfonso XIII se casaba con Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906 y a la boda fueron invitados personajes de todas las realezas, de todos los continentes, la nobleza de todo el mundo se dio cita en Madrid. Uno de estos personajes invitados fue al espectáculo del Centra-Kursaal y nada más verla quedó prendado de la joven bailarina malagueña. El maharajá de Kapurthala acudió a Madrid con un harén de 120 mujeres pero parece que no les eran suficientes. Jegait Singh, de 34 años, le doblaba la edad a Anita, le mandó una nota con un emisario en la que le decía que deseaba conocerla, pero cuentan que no sólo lo rechazó si no que lo hizo con vehemencia andaluza. Los acontecimientos se precipitaron y los nobles y reales invitados abandonaron la capital más que a la carrera, debido al atentado terrorista sufrido contra los reyes en la calle Mayor. Jegait no se quedó conforme con la respuesta y desde París continuó en sus pretensiones, insistió, y en una carta le pedía que se casara con él, estaba claro que cupido se lució aquella noche en el café-concierto. Ella, en un principio, no acepta, pero en una de las cartas, Anita, le responde que sí, que se casará con él. La misiva pasó por manos de Romero de Torres y Valle-Inclán antes de ser enviada y al comprobar la sencillez de su lenguaje y las numerosas faltas de ortografía deciden redactar una nueva carta, una poética declaración de amor hacia el maharajá. Viajó a París y de ahí a la India, donde se casó el 28 de enero de 1908, con 18 años y en una ceremonia con una majestuosidad como pocas, a la que la novia acudió montada en un elefante lujosamente adornado.

La pareja se convirtió en unas de las más admiradas de la época, sus constantes viajes por Europa, Estados Unidos y otros países de América atrajeron a los paparazzi de entonces y los perseguían por todas partes. Entre los exquisitos regalos del marido, con los que la agasajaba, se encontraban las mejores joyas, en especial la esmeralda de media luna que llevaba en la frente el elefante más veterano del palacio y de la que Anita se había encaprichado. La rani malagueña que fue bailarina vivió durante años en la India dejando atrás su pasado humilde, tuvo a su hijo Ajit, al que enseñó su idioma y la felicidad parecía haber abrazado a la andaluza para siempre. Pero la guerra mundial de 1918 también dejó huella en su matrimonio, provocando la primera crisis, el maharajá se puso al servicio del ejército británico y ella le acompañó haciendo importantes donativos a los hospitales franco-británicos. Cuentan que el motivo de la separación no fue otro que el breve romance que tuvo con uno de los numerosos hijos de su marido, Karan, y de Rani Kanari, Anita quedó embarazada y su marido la obligó a abortar. Cuando se repuso de la anemia causada por el aborto, el maharajá se separa de ella prohibiéndole volver a la India, y a cambio de no volver a casarse le da una pensión vitalicia; su hijo Ajit se quedó en la India.

Se instala en París y, allí vivió en su lujoso apartamento de la Avenida Víctor Hugo, su vida da un vuelco, se torna divertida y díscola, entre fiestas, bailes y cenas de gala. Años más tarde fue fotografiada con su amante y amigo Ginés Rodríguez, quien fue su secretario en su estancia en la India, cuando residía en los palacios reales de Kapurthala. Cuando acabó la guerra civil regresó a Madrid, donde vivió hasta que falleció el 7 de julio de 1962, como su ex-marido deseaba, como una princesa.









http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

martes 16 de junio de 2009

Juguetes rotos, héroes de barro



Hace varios días, trabajando en mi taller de restauración, escuchaba en la radio el golpe sicológico que le supuso a la archiconocida Susan Boyle quedar en segundo puesto después de suponerla medio mundo virtual ganadora del programa televisivo que la dio a conocer. Pero ya lo cantaba W. Colón y Rubén Blades, "la vida te da sorpresas", y siempre hay que estar preparado, porque, cuanto más te elevas más fuerte puede ser la caída. En esta vida todo es efímero, pasajero, y hay que disfrutar de ese momento que la providencia nos regala, supongo que a todos, aunque de diferente manera, de lo contrario uno se acostumbra a esa situación especial y cuando regresa a la cruda, dura y anónima realidad, como le ha sucedido a la tímida y vergonzosa Boyle, de repente nos encontramos desorientados, sentados en el suelo y con el dedo en la boca. A la pobre Susan le pudo la presión, la ansiedad, y no resistió que dieran por ganadores a un grupo de jóvenes bailarines, cuando la fama ya le había convencido del triunfo, ¿cómo no confiarse después de ser invitada a cantar ante el presidente en la Casa Blanca por el mismísimo Obama? Que por cierto, rechazó la invitación por problemas de timidez.

La radio contaba su ingreso en una clínica psiquiátrica por un ataque de ansiedad, donde le enseñaron a soportar la presión de la fama, a la que tendría que enfrentarse en los numerosos conciertos programados por el concurso de televisión y acompañada de los ganadores. La recuperación parecía todo un hecho, pero las últimas noticias leídas al respecto cuentan que tuvieron que suspenderse los conciertos previstos por los mismos problemas psicológicos y devolver el precio de las entradas. El calor ya comenzaba a sentirse en la mañana cuando apareció por el taller un compañero de trabajo, Juan, el carpintero, en el momento que la radio nos ponía al día de las desventuras de la tímida escocesa y su "desdichado fracaso televisivo". Juan vino a contarme un suceso que yo desconocía y que fue causante para este escrito, el suicidio de un conocido cliente. Estaba casado con otro chico, pareja de gays, se conocieron en una tienda de muebles donde trabajaban y después de un tiempo decidieron unirse en lo sentimental y en lo laboral. Abrieron un negocio, una tienda de muebles, y la madre de uno de ellos les avaló con la hipoteca de su vivienda para el préstamo bancario que les daría la posibilidad de independizarse. La iniciativa no les fue mal al principio y las ventas iban mejor de lo esperado, animados por la suerte que les acompañaba fueron ampliando más y más, invirtiendo en más mercancía para vender... hasta que de repente nos visitó la crisis económica que se extiende por todos los rincones. Entonces la situación se tornó y las ventas decayeron, los pagos y deudas los acorralaron de tal manera que uno de ellos no pudo soportar que, no sólo perdieran el fruto del trabajo de varios años, la vivienda de su suegra estuviera a punto de ser embargada por el banco prestamista. Decidió ahorcarse.

No sé por qué motivo relacioné al joven suicida con Susan Boyle, en principio nada tiene en común, pero me pareció que los dos, de diferente manera, eran víctimas de la caprichosa providencia, ya sé que nada tienen en común la fama con vender más o menos muebles pero, aunque de diferente manera, los dos subieron y bajaron sus estatus de repente, por supuesto con peores resultados para el joven vendedor de muebles. Juan se fue y me quedé pensando en cuantos no soportan la presión, lo vulnerables y frágiles que somos ante situaciones repentinas cuando nos bajan algunos peldaños de la escalera a la que estábamos acostumbrados. Los problemas psicológicos de ansiedad, angustia, depresiones... de repente comenzaron a venirme nombres famosos a la memoria que no acabaron bien sus vidas por distintas razones, alcohol, drogas, psiquiátricos, suicidios... no pudieron soportar convertirse en juguetes rotos, en pasar de ídolos de masas a héroes de barro. Desde luego que son muchos los ejemplos que podía recordar, pero he elegido dos de ellos, muy distintos y con diferente fin.

Jesús Rollan fue un deportista español de élite, proclamado mejor portero del mundo y quizás el mejor portero de waterpolo de todos los tiempos. Con la selección española de waterpolo fue campeón olímpico en los juegos de Atlanta'96, y dos veces campeón del mundo, Perth'98 y Fukuoka en 2001. Fue un personaje querido por la afición española que le trató con cariño y reconoció su entrega y buen hacer, pero llegó la hora de colgar el gorro para siempre y se retiró del deporte de élite. Esto provocó primero su separación matrimonial y después de un tiempo, sumido en una profunda depresión psicológica, decidió pedir ayuda y quedó ingresado en una clínica, en el balneario de La Garriga, Barcelona. A los 5 meses de ingresado y en tratamiento medico, Jesús Rollan, con 37 años, decidió arrojarse desde una terraza del balneario a la calle, donde quedó su cuerpo sin vida. Jesús era un personaje simpático, agradable, no sólo de cara a la galería, sus compañeros de equipo, periodistas y personajes allegados a su profesión siempre resaltaron su carácter y buena actitud. Está claro que no pudo soportar el regreso a pasar desapercibido y, el que fue icono para muchos deportistas que veían en él el ejemplo a seguir, se transformó en un ídolo resquebrajado, destrozado por el anonimato que no pudo superar.

El otro ejemplo es más cercano, no tan conocido ni tan reciente, el suceso que protagonizó Álvaro Rafael Bustos, pero sí mucho más dramático y terrorífico. Fue uno de los tres fundadores del grupo musical de pop español Trébol, y aunque tuvieron distintos éxitos al principio de la década de los 70 ninguno como su famoso Carmen, en 1971 llegó a número uno en las listas musicales españolas, de todas maneras nunca llegaron a tener gran resonancia. El grupo se disolvió en 1977 y los tres componentes tomaron diferentes rumbos. Álvaro regresó a la casa familiar de sus padres y continuó con la música, aunque sin éxito, su padre, Manuel Bustos, era un conocido y querido profesor del Conservatorio de Música de Córdoba y sin duda fue el causante de su carrera y el apoyo más sincero. No recuerdo cómo conocí a Álvaro, pero las coincidencias en una pequeña ciudad de provincia en los últimos 70's y primeros 80's, eran muy corrientes, varias discotecas de moda y algunos pub en los que era frecuente encontrarse, en uno de esos pub trabajaba yo, por lo que es posible que ahí nos conociéramos. Nunca llegamos a tener una relación de amigos, pero sí amigable, conversábamos y comentábamos los proyectos que tenía y mi andadura por un programa de radio por aquel entonces, colaboraba en Radio Popular. Siempre me pareció un tipo agradable, simpático, un tanto retraído pero nada anormal.

Como digo era al principio de los 80's y decidí pasar un tiempo fuera de mi ciudad, en Tenerife, allí viví durante 6 años y la relación con Álvaro había pasado casi al olvido. Regresé a Córdoba en diciembre del 86 y a los pocos días la ciudad se despertaba con una terrorífica noticia de la que Álvaro era el protagonista, le había clavado una estaca de madera a su padre en el pecho. La conmoción fue generalizada y las interrogaciones sembraban cualquier posibilidad y sospecha, se tenía certeza del asesinato pero no aparecía ni el cuerpo ni el presunto parricida. Desde que el anonimato regresó a la vida de Álvaro fue entrando en una dinámica negativa para él, fue numero uno en la música con 16 0 17 años y el éxito le cegó, después llegó la cruel realidad y su inactividad le llevó al mundo de la brujería y el esoterismo. La relación con su padre fue de mal en peor y tras la muerte de su madre el hijo comenzó a obsesionarse con que el diablo era su propio padre. Por navidad, dos semanas antes de los hechos, fue al cuartel de la policía a poner una denuncia contra el padre, por ser el causante de la muerte de su madre, sin embargo los policías no lo tomaron en serio y le aconsejaron que se marchara y regresara otro día. Pero cuando volvió a tener contacto con ellos ya había asesinado a su padre. La sirvienta descubrió una gran mancha de sangre en la cama del asesinado y denunció a la policía lo hallado, pero ni encontraban el cadáver ni al causante de la tragedia. Había preparado una estaca con el palo de la fregona en la planta alta de la vivienda, la que compartían, y cuando su padre dormía en la media noche fue a despertarlo, según él para conversar y sacar a la luz todo el maligno que llevaba dentro, al parecer estaba basado en algún rito satánico o ceremonia de exorcismo. Después de la estacada le cortó los tendones de los talones para que no pudiera caminar cuando se reencarnara y lo introdujo en el maletero del coche del padre. Comenzó a dar vueltas por la ciudad esperando la reencarnación, incluso llegó a pensar en quemar el cuerpo, pero algo le retuvo, y después de toda una noche y un día, en la madrugada del lunes 6 de enero de 1987, Día de Reyes, la policía lo detuvo cuando decía ir a entregarse.





video

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

sábado 13 de junio de 2009

La fleur de l'élégance


Existen muchas frases hechas que utilizamos a menudo y que no expresan lo que realmente queremos decir, pero la costumbre de usarlas, como quien mete la mano con los ojos vendados en le cesto de las manzanas sabiendo que están mezcladas con las peras, nos hace pasar de largo en su significado, sin pararnos a pensar que puede ser una pera y no una manzana lo escogido, en este caso es lo dicho. Pero la fuerza de la costumbre hace que las demos por validas como bien dice una de estas frases hechas, "a buen entendedor con pocas palabras basta", así que lo importante en todo este rollo macabeo es que se entienda lo que realmente se quiere decir, aunque lo dicho nada tenga que ver con lo pretendido. Esto siempre es interesante, más aún cuando la mayoría de las veces no nos entendemos y ya no sólo escogiendo la frase poco adecuada si no con las palabras justas y precisas, por lo que las diferencias surgen con los malos entendidos, porque nos dejamos llevar por lo que queremos oír y no lo que realmente escuchamos... ¿?

En fin, parece que me fui por los cerros de Úbeda. Sinceramente, me podría haber ahorrado todas estas frases escritas hasta ahora, lo que pretendía era comenzar el artículo con una frase hecha y después de escribirla pensé que no era la más adecuada, y la borré. Esta frase es la que dice que: "sobre gustos no hay nada escrito" y por supuesto sí que lo hay y muy bien definidos. Desde luego los hay a quienes, como en el ejemplo puesto anteriormente, no les importa sacar una manzana o una pera cuando meten la mano en la cesta, con venda o sin ella, pero también existen quienes no se conforman con lo primero en encontrar, ni meten la mano en cesta alguna si no es sabiendo cuales y como son las frutas que la dichosa cesta reúne o cobija. Luego está la variedad de manzana, su punto de madurez, su volumen, contenido de azucares... no digamos ya en el caso de las peras. Lo que si está claro es que hay gustos para todos los gustos y cada uno tiene el suyo definido y que no siempre coinciden. Otra cosa o asunto son las modas, aunque estás están más generalizadas y marcadas.

Lo primero que a uno se le viene a la mente cuando se habla de modas son las vestimentas, vestidos y complementos, telas y colores, líneas y cortes, pero la moda no es sinónimo del vestir, por ella se rigen todos los diseños y cada decisión de la sociedad que, como la propia naturaleza, se renueva constantemente. La tendencia está encajada dentro de unos parámetros que serán sustituidos por otros casi totalmente opuestos, para que rompa lo anteriormente establecido, durante ese tiempo o temporada y que por lo general coinciden con las estaciones meteorológicas. Parece como si las modas ya vinieran de la mano con cada estación, turnándose y marcando tendencias por naturaleza, pero detrás de la implantación de las modas, de lo moderno o novedoso, hay muchas horas de trabajo, muchos estudios de marketing e inversiones, para que los ciudadanos del planeta y en cada rincón se entreguen con pasión desmesurada a esas novedades, no porque reúnan mejores cualidades o calidades que la moda actual o las anteriores, si no por el efecto novedad, lo que demuestra que el gusto del ser humano es superfluo, y de poca fidelidad, nos cansamos pronto de lo que nos rodea y nos entregamos apasionadamente a lo original o poco visto.

Pero... ¿y a lo que a nosotros se refiere? A nuestro cuerpo o soporte natural para dar movimiento y vida a esas modas, está claro que no todos tenemos las mismas hechuras, la misma percha, el mismo saber llevar. Pero una cosa es cómo vemos esas novedades vestidas por los demás, otra cómo nos vemos nosotros y otra muy distinta es cómo nos ven. Por descontado que la influencia de quienes diseñan esas tendencias ejerce con fuerza entre la mayoría, a la hora de cómo cultivar el cuerpo para no quedar fuera de la modernidad, sin contar que cada uno somos diferentes en todo, que no somos clones, cosa que sería peor. Esta búsqueda y deseo en la necesidad de sentirse un representante genuino de la moda lleva a muchas y muchos chicos a caer en la anorexia y la bulimia, buscando la perfección, pero esa perfección nunca se encuentra, jamás, porque lo buscado pertenece a modelos únicos y escogidos para vender esa mercancía; no tenemos que cambiar nuestro cuerpo para esas ropas, si no buscar las ropas que nos vayan bien y que nos hagan lucir más y mejor. Esto hará que nos sintamos más a gusto con nosotros mismos y que nos vean diferente, originales, llamaremos la atención por nosotros mismos y no por un envoltorio clonado que no siempre nos favorece.

Es difícil saber cuando las modas comenzaron a regir las costumbres sociales, supongo que aparecieron con el ser humano, por nuestra propia naturaleza presumida, proclive a aparentar más allá de lo que somos realmente y por el deseo de confundir a los demás, cosa absurda, porque si es verdad que "la primera impresión es la que vale", también es verdad que "aunque la mona se vista de seda mona se queda". Sin embargo, existieron personajes que marcaron no solo tendencias, de igual modo un antes y un después en el vestir. Sus influencias llegan a nuestros días y la mayoría de las creaciones actuales acaban por derivar en un exclusivo diseño que fue creado muchos años atrás, por muy novedoso que aparente. Sin duda alguna habría que situarse en Francia, en París, para desde sus torres mirar el paisaje donde se irguió el diseño de la moda y la elegancia en el vestir. Pudiera reunir un buen puñado de nombres propios que sustentan el significado de moda, pero de todos cuantos me vienen a la memoria ninguno como el de Chanel. No ya por su enorme talento, por su elegancia, si no por su propia vida. El ejemplo de lo que fue y consiguió es más fuerte que sus propios diseños, porque quizás muchos no sepan diferenciar entre sus creaciones pero pocos hay que no conozcan quien fue Coco Chanel.

Habría que empezar por sus principios como persona, porque antes que la modista o diseñadora estaba la mujer, la niña que sobrevivió a duras penas junto a sus cuatro hermanos en situación de pobreza. Gabrielle Chanel nació en un hospicio de Saumur, el 19 de agosto de 1883. Pero la muerte de su madre, de tuberculosis, fue el detonante que marcó su vida, o al menos uno de los acontecimientos que marcaron su trayectoria. Su padre se desentendió de ellos y los envió al condado de Auvergene, a un orfanato que tenían dos tías suyas. De su infancia decía que sólo ansiaba ser amada y que todos los días pensaba en cómo quitarse la vida, pero que en el fondo ya estaba muerta. Fue el orgullo lo que la salvó. Mientras tanto aprendió a coser con especial habilidad, tanto que a los 17 años las monjas del orfanato de Aubazine le consiguieron un empleo como costurera. En 1905 decidió convertirse en cantante de cabaret y fueron tres años los que estuvo inmersa en este mundo de divertimento y relaciones sexuales pasajeras, de las que esperaba reunir el dinero necesario para realizar su gran sueño de ser una renombrada modista. Su belleza era sensualmente discreta, menuda y de gran personalidad. El sobre nombre con el que fue conocida tiene dos destinos, unos dicen que procedía de esa época cabaretera y otros lo situaban en su infancia y hacían cariñosamente responsables a sus tías que la cuidaron en el orfanato.

Tenía claro lo que pretendía y no perdió el tiempo, de la mano de uno de sus amantes adinerados se instaló en un apartamento de París y pronto abrió su primera tienda de sombreros a la que llamó Modas Chanel. Siempre estuvo apoyada en sus amantes, o más bien en sus dineros o caudales, y unos años más tarde se instaló en distintas ciudades, todas ellas frecuentadas por ricos: Deauville, Normandía, Biarritz... hasta que en 1920 abrió en París, en la Rue Cambon, su primera Casa Chanel. La ocultación de su humilde pasado y su esnobismo no le creó problemas de identidad, todo lo contrario, le sirvió para relacionarse con personalidades del cine y su libertario espíritu para acostarse con adinerados hombres de la sociedad europea. Y entre tantos amantes fue Etienne Balsan quien la colocó con su tienda de sombreros, aunque el amigo de éste, Arthur Capel, le posibilitó el despegue, se enamoró de él pero Capel decidió casarse con otra mujer de alto abolengo. Poco tiempo después murió en un accidente automovilístico y cuentan que Coco llegó al lugar del accidente y lloró amargamente por la muerte de su amante y el más importante de sus benefactores. Pasó un tiempo recluida en su apartamento y sin relacionarse con otro hombre, son muchas las malas lenguas las que decían que su tristeza era más que por amor por la frustración de no haber conseguido su fortuna.

Se convirtió en una gran dama de la moda y pretendida por muchos, como el Duque de Westminster, que quiso casarse con ella pero lo rechazó, no así sus relaciones de cama. Sobre él dijo: "Ha habido muchas mujeres de Westminster, Chanel hay una sola". Se codeó con grandes artistas, escritores... y fue la imagen, el icono del feminismo por aquellos tiempos. Su secreto no fue otro que el de liberar a la mujer de su época de los grandes sombreros recargados de pieles de animales y flores, así como de los corsés y de los recargados diseños. Cambiándolos por sus líneas rectas, prendas sencillas, cómodas y de alta distinción, una apuesta que rápidamente fue aceptada por el público parisino hasta convertirse en una de las grandes diseñadoras del siglo XX. "Todo lo que es moda pasa de moda", dijo en otra ocasión, al tiempo que invertía en nuevos mercados, como el de los perfúmenes, en el que tuvo un rotundo éxito que llega a nuestros días con Chanel nº5. Su enorme popularidad y fama, aún en tiempos de recesión, le aportaron más ganancias y mejores contratos, como el que firmó con Samuel Goldwin, por un millón de dólares, para que vistiera a sus grandes estrellas hollywoodenses, Katherine Hepburn, Grace Kelly, Elizabeth Taylor, Gloria Swanson... incluso también la acusaron de colaborar con los nazis, por un affair junto a un oficial de las SS, Walter Schellenberg, aunque ella siempre rechazó la acusación en su contra. Pero toda su fama y dinero no pudieron dar fin a su vida solitaria, marcada por la artrosis y la morfina. Murió de forma impredecible al igual que se desarrolló su vida, a los 87 años, el día 10 de enero de 1971, en su apartamento del hotel Ritz y junto a su sirvienta, a la que le dirigió sus últimas palabras: "Así es como se muere".






video


http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

miércoles 10 de junio de 2009

Víctimas de la justicia


Hacerse la idea de un mundo sin comunicaciones, sin información real de lo que pasa en el mundo, no es nada fácil, más aún cuando vivimos acostumbrados a estos tiempos donde los medios de comunicación son parte esensial de nuestra forma de vida, cuesta imaginar cómo de aislados se encontraban nuestros antepasados no mucho tiempo atrás. Los pasos agigantados que se dieron en el siglo XX al respecto es casi todo lo que la humanidad hizo en cuestión sobre este tema. Digo "casi todo" porque también anteriormente a este periodo se hicieron logros o esfuerzos, pero de una manera rudimentaria se podría decir, casi artesanal, lenta y la mayoría de las veces la información llegaba distorsionada de la realidad. Algo natural si pensamos que una veintena de kilómetros significaba un mundo de separación entre un punto y otro, una aventura interminable por malos caminos e insufribles medios de locomoción. El aislamiento de los pueblos, de las comarcas, era tal que cualquier acontecimiento que sucediera en el pueblo de al lado podría pasar desapercibido durante mucho tiempo, años, o incluso pasar por alto y no llegar a tener constancia nunca de lo ocurrido. La historia se escribía en la memoria de los habitantes y pasaban de generaciones en generaciones, hasta convertirse en leyendas o diversificados los acontecimientos.

Ya conocen que soy amante de los refranes, sin llegar a perder la razón por ellos pero amante al fin y al cabo. Un medio de conocimiento, de comunicación si me apuran, una manera de transmitir la sabiduría popular entre generaciones y pueblos. Pero no era el único existente, por aquellos días en los que ni la televisión, la radio o el teléfono habían hecho aún acto de presencia entre nosotros, que no estaban concebidos, ni inventados... y supongo que ni imaginados; mucho menos si nos referimos a ordenadores y ciberespacios, instrumentos y vías de comunicación imprescindibles en nuestro tiempo. También existía algún que otro diario impreso que cuando llegaba a los pueblos o ciudades vecinas ya estaban las noticias caducadas, habían pasado a otro tiempo, eran los medios de comunicación que circulaban por otras fechas no muy lejanas en el calendario, aunque nos parezca casi imposible que la vida en este planeta nunca fue diferente a la que ahora desarrollamos. Pero además de los refranes y los diarios había otras maneras de transmitir los acontecimientos, de divulgarlos popularmente, los teatrillos o pasacalles, las coplillas o los romances de ciegos, entre otras. Éstas últimas son composiciones en verso que no corresponden necesariamente al género literario romance, y que por lo general son de autores anónimos. De estos romances de ciegos, aunque les pueda parecer de otros siglos, recuerdo haber visto algunos cuando era un niño. Era una manera de sobrevivir para los invidentes, que se instalaban en las plazas de los pueblos con sus pliegos de cordel y viñeta a viñeta iban narrando el romance, la historia de un suceso, mientras dejaban a los transeúntes enganchados a los acontecimientos que contaban de esta manera tan peculiar. Incluso los recuerdo vendiéndolos casa por casa por la voluntad, impresos en cuartillas de colores y a elegir entre los romanceados anteriormente en público.

Los romances de los ciegos, que no son exclusivos de la edad media, si no que llegan generalizados por todos los rincones de España hasta las postrimerías del siglo XIX, para ir perdiéndose de la escenografía española poco a poco durante la primera mitad del siglo pasado, no tenían un corte social determinado, los había desde gestas heroicas hasta insólitos acontecimientos y por supuesto los crímenes o asesinatos no se escapaban de pertenecer a sus historias preferidas. Se podría entender de muchas maneras el papel que ejercía en la sociedad de entonces, pero sin duda era un instrumento de protesta, de inconformismo, porque la información en general tiene mucho de esto, de divulgar, esclarecer y airear lo acontecido. Este papel divulgativo y reivindicativo en la sociedad lo ocupan hoy otros soportes, que sin tener relación alguna con los pliegos de cordel si son soportes donde se proyectan historias, acontecimientos sucedidos o imaginados como entonces. Uno de ellos, sin duda, es el cine.

Para hablar de cine cierto es que cualquier tema que se elija nos llevaría a él, pero en esta ocasión no se trata del medio, si no del contenido, de la justicia y la injusticia, que muchas veces van de la mano. Elijo el cine, el romance de ciegos y la historia del crimen de Cuenca, porque alguna vez estuvieron relacionados entre sí mediante un enlace, por la tristemente desaparecida directora de cine Pilar Miró y su celebre película El Crimen de Cuenca. Esta historia real fue llevada al cine por esta talentosa directora cinematográfica en 1979, cuando la transición española andaba en busca de la democracia como funanbulista por el alambre y sin red. La película está basada en unos hechos que acontecieron a principio del siglo XX en la provincia de Cuenca, en los pueblos de Tresjuncos y Osa de la Vega, y que ya en 1939 el escritor Ramón J. Sender escribió una novela sobre lo sucedido, El lugar de un hombre. Pero al final de la década, Pilar Miró, con una importante experiencia como realizadora de televisión y con un largometraje en su haber, La Petición, con guión adaptado de una novela de Emile Zola, rueda El Crimen de Cuenca, con guión de Dolores Salvador Maldonado, quien había escrito un libro con el mismo titulo que la cinta cinematográfica, y con la que obtuvo una gran popularidad. Pero las fuertes y crudas escenas de la película le provocaron más de un quebradero de cabeza, fue la primera película prohibida en la transición, durante varios meses, después de la censura franquista, el mismo año que España ratificaba en Estrasburgo la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales. La cineasta española se convirtió en una de las mejores directoras del cine español tras una larga y sólida trayectoria, pero que trasciende más allá de lo puramente cinematográfico, un alegato a los valores de la libertad y los derechos del hombre.

Los sucesos acontecidos aquel año de 1910 suponen un ejemplo de que a veces la justicia es injusta a la hora de llevarla a cabo y de que son muchos los inocentes que terminan juzgados como culpables por el mal uso de ella. José María Grimaldos López, un joven pastor de 28 años y apodado El Cepa, por su baja estatura y su corto o pobre entendimiento, salió el 20 de agosto a tomar unos baños a la Celadilla, después de vender unas ovejas de su propiedad, y al que vieron por última vez, entre Tresjuncos y Osa de la Vega, sus compañeros de trabajo en la finca de Francisco Antonio Ruiz, León Sánchez el mayoral y el guarda Gregorio Valero. Pero lo de los baños no lo sabía nadie salvo el propio Cepa, ni siquiera su propia familia, al que dieron por desaparecido, después por asesinado y por último culparon a los dos compañeros de trabajo, León y Gregorio, de ser los que le dieron muerte, para robarle el dinero de las ovejas. La familia de Grimaldos puso una denuncia en Belmonte por la desaparición del pastor y acusando a León y Gregorio de ser los presuntos asesinos del supuesto crimen. Un año más tarde, después de la desaparición y de que los dos presuntos estuviesen detenidos, la causa fue sobreseída, para luego de interrogar a los acusados dejarlos en libertad por falta de pruebas y cerrar el caso.

Pero el calvario de Gregorio y León estaba por venir, con la llegada de un nuevo juez dos años más tarde, Emilio Isasa Echenique, que reabrió el caso ante la insistencia de la familia del Cepa, nueva denuncia contra ellos y nueva detención. La guardia civil comenzó a torturar y maltratar a los detenidos tratando de conseguir las confesiones de cómo lo habían asesinado y qué habían hecho con el cuerpo desaparecido. Fueron tantas las torturas que recibieron que llegaron a declararse culpables de asesinato, se inventaron cómo y de qué manera lo mataron he hicieron desaparecer el cadáver, incluso cavaron donde se supone los habían enterrado entre los dos sin llegar a dar con el cuerpo. Las torturas descritas por Pilar Miró fueron la que le costaron la prohibición durante meses y lo que dio pie a la polémica, le clavaron astillas en las uñas, se las arrancaron con tenazas, les colgaron de los genitales del techo, les destrozaron a golpes, sólo le daban de comer bacalao sin desalar y nada de agua. Pero no quedaron satisfechos los torturadores y el juez que también torturaron y amenazaron a la mujer de uno de ellos con arrebatarles el hijo de pocos meses de edad si no declaraba lo que querían. Todas estas injusticias hicieron que los detenidos se declararan culpables ante tanto castigo. Así transcurrió la tortura hasta que el juez de Belmonte da orden al de Osa de la Vega a que levante acta de defunción haciendo constar que, José María Grimaldos López, natural de Tresjuncos, falleció el 21 de agosto de 1910 a las 8,30 o 9.00 de la noche a consecuencia de haber sido asesinado por Gregorio Valero y León Sánchez; donde también se recoge que el cadáver no ha podido ser identificado por no haber sido hallado.

En 1918 y después de llevar más de 4 años entre rejas comenzó el juicio, con un sumario plagado de contradicciones y diligencias sin esclarecer. Los acusados fueron condenados a 18 años por la Audiencia Provincial. Una pena menor de haberse consumado el garrote vil, aún vigente por aquellos tiempos, la defensa consiguió lo que se limitó a evitar, la pena capital. El 4 de julio salen en libertad tras beneficiarse de un indulto cuando habían cumplido 12 años y dos meses de condena.
Pero dos años después de recuperar la libertad, el 8 de febrero de 1926, el cura de Tresjuncos recibió una carta de su homologo en el municipio de Mira, pidiendo la partida bautismal de José María Grimaldos para celebrar el matrimonio de éste. En principio el cura trató de evitar la noticia, pero fue imposible, el retorno del Cepa a la vida corrió de boca en boca y las víctimas de la injusticia cometida pudieron recuperar la inocencia, no así todo lo sufrido. El Ministro de Gracia y Justicia ordenó la revisión de la causa y mandó al fiscal del Tribunal Supremo interponer recurso de revisión contra la audiencia de Cuenca. Dicha nota reza: "Hay fundamentos suficientes para estimar que la confesión de los reos Valero y Sánchez, base esencial de sus condenas, fue arrancada mediante violencia continua inusitada".





video


http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/